Aiko el grupo clava su tercer disco con ‘Señales Brutales’: punk, pop y letras que muerden

Aiko el grupo publica ‘Señales Brutales’, su tercer álbum, y lo hace desde una posición que pocas bandas punk en España pueden reclamar: la de sonar a sí mismas sin que eso signifique repetirse.

Teresa Iñesta, Lara Miera y Bárbara López llevan tres discos afinando una fórmula que sobre el papel no debería cuadrar. Armonías vocales de power pop, inmediatez punk y unos sintes con vocación horror punk que meten pequeños sustos entre canción y canción. Suena raro. Funciona.

Pero lo que de verdad separa a Aiko el grupo del resto está en las letras. Hay una poesía cotidiana que no pide permiso. Las canciones pasan rápido, sí, pero las frases se quedan. ‘Suspiria’ es un banger de power pop punkarra y, sin embargo, suelta esto: «No voy a darte un abrazo / Es como abrazar a un maniquí / Tienes forma de persona / Pero no hay rastro de ti». Eso no es un estribillo cualquiera. Eso es un retrato.

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‘Señales Brutales’ no se esconde detrás de metáforas bonitas cuando no le apetece. Hay canciones que hablan de vómito, ansiedad, colapso mental, de «mierda volando por ahí». Y lo hacen sin solemnidad, desde temas urgentes y directos. En ‘Modo sigilo’, el propio enamoramiento les da asco. En ‘el aWard es para:’, el banger punk-rock del disco, señalan al típico tío falso con ironía afilada y sin caer en el panfleto fácil.

La balada ‘Espectro’ es otra cosa. Dos minutos de intro ambiental antes de que entre la voz. Parece un capricho, pero tiene sentido: cuando por fin arranca la canción ya estás dentro de esa casa compartida donde solo queda silencio. Es el momento más arriesgado del disco y probablemente el más honesto. En ‘ni todo ni nada’ asoman ecos de Vainica Doble, con armonías vocales y guitarra acústica que abren un paréntesis inesperado en medio de tanta urgencia eléctrica.

El disco pierde algo de fuelle en su parte central. ‘Paciencia’ y ‘Césped falso’ bajan la velocidad sin que la tensión compense del todo. Pero ‘Oda a la muerte de nuestro amor’ recupera el pulso jugando con cambios entre piano, guitarras y armonías. Es de esas canciones que no se deciden por un solo registro y precisamente por eso enganchan.

Que ‘Introducción’ cierre el disco en lugar de abrirlo no parece casualidad. Con ella, Aiko el grupo vuelven exactamente al punto de partida: aceleradas, melódicas y esquivando lo previsible. Es un guiño que resume bien lo que propone ‘Señales Brutales’. Un disco que encuentra su personalidad en no quedarse demasiado rato en el mismo sitio. Entre los bangers iniciales, los desvíos acústicos y esos teclados que aparecen como pequeños sobresaltos, hay un grupo que sabe exactamente lo que quiere sonar. Y lo que no quiere sonar.

Iñesta, que también lidera Repion, lleva tiempo moviéndose en ese cruce entre lo melódico y lo punk con naturalidad. Pero Aiko el grupo tiene algo propio. Algo que tiene que ver con cómo tres personas convierten una emoción en una imagen concreta y la disparan en menos de tres minutos. ‘Señales Brutales’ es su disco más variado y, por momentos, el más extraño. También el que mejor explica por qué esta banda suena distinta a todo lo que hay alrededor.

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