Noches del Botánico ha cerrado su décima edición con más de 190.000 asistentes repartidos en 52 conciertos. Del 4 de junio al 31 de julio, el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Complutense volvió a ser el lugar al que volver cada noche de verano en Madrid.

Diez años. No es poco para un festival urbano que nació apostando por el eclecticismo y que no ha necesitado traicionarse para seguir llenando. Esta ha sido su edición más exitosa en cifras, pero lo interesante no está solo en los números. Está en lo que pasó dentro.
Van Morrison se mostró especialmente cercano al público. No es algo que ocurra todos los días. Jean-Michel Jarre, Garbage, Love of Lesbian, The Kooks y Biffy Clyro situaron el Botánico entre los escenarios más especiales de sus respectivas giras. Eso no se compra con dinero. Se construye con años de cuidar cada detalle del recinto, de mantener esa distancia corta entre escenario y patio de butacas que convierte cada bolo en algo distinto.
Tom Jones, Rubén Blades, Nile Rodgers y Zaz repitieron en un espacio que ya sienten como propio. Hay artistas que eligen dónde tocar. Y que sigan eligiendo el Botánico una década después dice más que cualquier comunicado.
El cartel fue un ejercicio de amplitud sin complejos. Pat Metheny compartió programación con ZZ Top, Rick Astley con Belle & Sebastian, OMD con Elvis Crespo. Babasónicos, Two Door Cinema Club, Nu Genea. Rock, jazz, flamenco, electrónica, salsa, merengue, pop, sonidos iberoamericanos. Todo cabe si se programa con criterio.
Hubo citas con peso simbólico. El 30.º aniversario de Omega. Las tres noches consecutivas de Love of Lesbian, que a estas alturas ya tienen una relación casi sentimental con el recinto. Y debuts que marcan relevo generacional: Yerai Cortés, Rigoberta Bandini, Shinova y Ginebras pisaron por primera vez el escenario del Botánico. Cuatro nombres que vienen de lugares muy distintos y que el festival juntó sin que chirriase nada.
Madrid vivió un verano cargado de eventos culturales y de entretenimiento. Competencia no faltó. Que Noches del Botánico haya firmado su mejor registro en ese contexto confirma algo que sus fieles ya sabían: el formato funciona. La cercanía del recinto, la diversidad del cartel, la sensación de estar en un sitio que no se parece a ningún otro macro-festival. Eso no caduca.
Diez ediciones después, el Botánico sigue siendo ese lugar donde un concierto se siente como un concierto. Ni más ni menos. Y 190.000 personas pueden dar fe de ello.



