Brisa Festival ha vuelto a ocupar el Puerto de Málaga con tres escenarios, dos noches de conciertos y una alineación que mezcla nombres consolidados con bandas que están a punto de reventar. La edición de 2026 ha dejado momentos que merecen contarse despacio.

La primera jornada arrancó con Pilu, la jerezana que hiló un set de pop sedoso y carga lírica honesta. David Otero abrió el Escenario Victoria para sus incondicionales. Pero el primer flechazo real llegó con Monte Ventura, que presentaron su debut ‘A Cambio De Nada’ (El Genio Equivocado, 2026). Melodías atemporales con querencia por el sonido Donosti, ecos de Los Planetas, Magnetic Fields y Calexico. David Verge puso el timbre y Saray Botella los coros y los teclados. Una caricia de verano sin prisas.
Barry B caldeó el escenario principal a base de actitud y pop enérgico que conectó con todo tipo de público. Y entonces llegó el momento de la noche. Pequeño Mal salió a morder. Power-pop afilado, guitarrazos angulosos y melodías que se te quedan pegadas durante días. “Los Duelistas”, “Golden Retriever”, “Epilepsia de Amor”. Lolo Lapón y Saray Botella han dejado atrás las curvas de Hazte Lapón y han metido la quinta. Línea recta hacia la efervescencia pop con nervio.
Love of Lesbian desplegaron un repertorio centrado en su etapa más reciente con guiños puntuales al pasado. Santi Balmes y los suyos andan en una gira de despedida provisional tras décadas encadenando carretera y expectativas. Se nota que atacan cada noche con la ilusión intacta, como si fuera la última. Something About Tsunamis pusieron el contrapunto con su emo-rock delicado, reminiscencias de Last Days of April y Appleseed Cast. Hot Chip cerraron la primera jornada en formato DJ con una sesión de clásicos remezclados y mantras de dance hipnótico. Alexis Taylor sabe lo que hace.
El viernes abrió el Escenario Mini con los pases de Sara Rais, Scandinavia y Corazón Inverso. La segunda noche vino cargada de pop en todas sus formas. Merino desde lo electrónico. Samuraï, es decir, Aroa Lorente Rodríguez, salió a comerse el escenario principal con un torrente de energía bailable. Ha firmado con Universal y ha publicado su primer largo con apenas 23 años. Maenoba confirmó que su nombre suena cada vez más fuerte en la escena andaluza. Wasabi Cru trajo a Noelia Sakura y su voz de flechazo instantáneo. Los locales Vis Viva desataron la locura con su hardcore rocoso para luego llamar a la calma entre tempestades lisérgicas.
León Benavente arrancaron la tanda de consagrados destilando eterna juventud. Martí Perarnau IV se ha sumado a la formación y aporta un nervio sintético que encaja con el poso dance-pop de sus últimas canciones. Venían de un recital en las Noches del Botánico junto a Él Mató A Un Policía Motorizado, pero no se guardaron nada. “Ánimo, Valiente”, “Gloria”, “Ser Brigada”, la épica “Qué Cruel” con Ángel Stanich como invitado sorpresa, “Úsame/Tírame” y una “Ayer Salí” final convertida en caótica bacanal. Catarsis pura.
Después de semejante vendaval, cruzar entre miles de almas ingrávidas hasta el Escenario Málaga para abrazar el pop colorista y emotivo de Soleá Morente no era tarea fácil. Pero mereció la pena.
Leo Mérida y Agustín Fuentes, este último responsable del mítico Contempopránea, siguen moviendo Brisa con la misma pasión y el mismo cuidado en cada detalle. El sonido volvió a ser impecable. Las propuestas paralelas de Brisa Studio y Brisa en tu Barrio siguen ampliando el radio de acción del festival. Málaga ya tiene su cita de verano grabada a fuego en el calendario indie, y esta edición lo ha dejado más claro que nunca.



