Natalia Lacunza ha lanzado ‘Flor de canela’, un single que llega cuando está a punto de cumplirse el primer aniversario de su segundo disco, ‘N2STAL5IA’. La artista lo presenta como una «oda al disfrute» y, dato curioso, es probablemente la canción más larga que ha publicado: roza los cuatro minutos.

Parece poco. No lo es en el universo Lacunza. Y ese detalle dice mucho de hacia dónde apunta ahora mismo. En una entrevista, la artista reconoce que como compositora le interesa explorar los desarrollos de las canciones. En ‘Flor de canela’ llega a afirmar que el puente puede ser más importante que el propio estribillo. Un giro de mentalidad que se nota.
El tema respira folk-soul. Instrumentación generosa: percusiones que evocan bongos, flautas con un timbre cercano al clarinete, guitarras acústicas y baterías que marcan el paso como si acompañaran un paseo tranquilo. La referencia que sobrevuela es ‘Come to My Garden’ de Minnie Riperton, y tiene sentido. Hay algo orgánico y cálido en la producción que conecta con ese mundo.
La canción cierra con una coda de «parapaparas» y un fade out. Decisiones deliberadamente clásicas. Lacunza mira hacia atrás para avanzar, y eso siempre es más interesante que perseguir la tendencia del mes.
En la letra, la actitud es directa y juguetona. Noches de verano, amaneceres, declaraciones como «no quiero esperar a que me quieras». Nada de esperar sentada a que alguien se decida. Si hay ganas, hay ganas. Las imágenes de fruta, sabor y «la vida en tecnicolor» refuerzan esa celebración de los sentidos que recorre todo el tema de principio a fin.
Lo que deja ‘Flor de canela’ es la sensación de que Lacunza ha encontrado un sitio donde se siente cómoda y a la vez crece. Una canción de casi cuatro minutos no cambia el mundo, pero sí cambia la conversación sobre lo que puede hacer una artista que hasta ahora jugaba en formatos más comprimidos. Que el puente pese más que el estribillo es toda una declaración de intenciones.



