Viva Belgrado presenta ‘Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye’, un álbum concebido como un disco de singles, grabado en Tarragona con Ricky Falkner a los mandos y con la colaboración inesperada de Alain Johannes.

El salto respecto a ‘Cancionero de los cielos’ es deliberado. Aquel disco, publicado en 2024, recibió la máxima puntuación en Mondo Sonoro y se coló en las listas de mejores discos nacionales de varias revistas. Pero la propia banda reconoce que llegó «sintiendo que no lo estábamos haciendo bien». Una sorpresa para todos, incluidos ellos.
Ahora la intención es otra. «Lo concebimos como el disco de Viva haciendo singles. Bromeábamos hace tiempo con hacer un disco con diez ‘Tragaluces’, pero luego no te salen ni de coña porque no es tan fácil». Para buscar ese sonido más redondo, la banda se encerró más de dos semanas en los estudios La Casa Murada, en Tarragona, con Falkner como productor y arreglista. El resultado transformó las maquetas originales. «Llegamos con unas maquetas cañeras, más crudas. Con Ricky cambiaron mucho las canciones y, al principio, nos daba un poco de vértigo, por si era demasiado pop, pero confiamos en él».
El Guadalquivir del título funciona como ancla local y como metáfora. Cándido, cantante, letrista y único miembro original de la banda, quería esa imagen del ser humano frente a algo inmenso que lo empequeñece. «Las canciones mismas son eso, cosas nimias que ocurren de fondo». Detrás de esa elección hay una reivindicación explícita de lo cordobés, la misma que llevó a bautizar su sello DIY como Fueled by Salmorejo. «Hay un mogollón de bandas haciendo música similar. Pero no tantas que puedan mezclarlo con lo cordobés, sin caer en los referentes de siempre, como la sevillana o el flamenco. Hemos intentado traer lo propio, pero lo cotidiano, no el cliché».
La formación actual incluye a Jaime a la guitarra solista y a Cris G. Sánchez al bajo y coros, ambos debutando en un disco de la banda. Álvaro Mérida completa el grupo a la batería. Están repartidos entre Almería, Madrid, Málaga y Córdoba, pero la distancia no parece un problema. «Estamos en un momento muy dulce, todos sabemos cuál es nuestro lugar, nuestro rol en la banda». Cándido agradece la frescura que aportan los nuevos miembros: «Cuando uno intenta componer canciones en una franja de tiempo limitada, tienden a salir cosas muy parecidas. Dejar que otras personas aporten ideas siempre ayuda a oxigenar el disco».
Y luego está lo de Alain Johannes. El corte ‘Menquitofla’, tercer adelanto del álbum, cuenta con el multinstrumentista conocido por su trabajo con Queens of the Stone Age y Them Crooked Vultures. No estaba planeado. Una noche después de cenar, Falkner y el ingeniero de sonido Jordi Mora fantasearon con la idea. «Ninguno de nosotros se lo tomó muy en serio, ¿por qué iba a querer un músico de ese nivel colaborar con nosotros? Pero resulta que no era un farol». Le llamaron y Johannes dijo que sí.
Las letras también han cambiado. Adiós al carácter críptico y a las palabras inventadas de ‘Cancionero de los cielos’. Aquí todo es más directo, más positivo. El amor en sentido amplio atraviesa el disco entero. Y Cándido lo resume con una frase que vale como declaración de principios: «No se puede ser adolescente toda la vida, no puedes estar sufriendo toda la vida. Cuando te haces mayor tienes más responsabilidades y una de ellas es ser feliz y estar contento por ti mismo».
Viva Belgrado llevan años encontrando su propio camino sin discográfica, sin atajos y sin pedir permiso. Este disco suena a banda que sabe exactamente quién es y ha decidido que eso, por fin, le gusta.


