Sonórica 2026: Castro Urdiales vuelve a demostrar que el indie tiene estadio

La sexta edición de Sonórica convirtió otra vez el estadio Riomar de Castro Urdiales en el escenario que la música independiente española necesita cada verano. Un viernes largo, intenso, con un cartel que fue de menos a más hasta reventar con Ultraligera como cabeza de cartel.

Los locales Mizmaya abrieron el escenario Sirenas con la responsabilidad de ser profetas en su tierra. El trío cántabro tiró de indie-rock de raíz, apoyándose en bases eléctricas que fueron ganando terreno canción a canción. «Bosque de Secuoyas», su single más reciente, fue el momento de mayor conexión. De menos a más hasta acabar con el público entregado.

Puño Dragón llegaron al escenario El Águila en estado de gracia. Los asturianos, cerrando la gira «Juegos Violentos» y con nuevo disco en el horizonte, desplegaron su rock a dos voces con una pseudo-jam que pasó por el jazz y el funk antes de que el resto de la banda se fuera sumando. Una versión de «Échame a Mi la Culpa» de Albert Hammond arrancó caras de sorpresa. Cerraron con «Haré lo que Pueda», algo más suave de lo esperado pero con buen sabor de boca.

Inazio proyectó un concierto de aura. El cantautor navarro demostró que sus canciones pesan más de lo que sugiere su aparente sencillez, con una formación compacta y teclados que aparecían para sostener letras de vocación coral. «Oasis» fue uno de esos momentos colectivos que justifican el precio de una entrada.

Niña Polaca fue el primer gran estallido. Los madrileños convirtieron el escenario principal en un karaoke multitudinario desde «San Francisco El Grande». «Travieso», «Los días malos», guitarras alternando con vuelos melódicos. Cerraron con «Mucho Tiempo Contigo» y dos pogos monumentales. Su comunidad de seguidores sigue intacta y en expansión.

Paula Mattheus tomó el escenario Sirenas con un set que fue mutando en directo. Arrancó íntima con «La Salvaje», derivó hacia territorio rockero con «La Lotería» y transitó sin complejos del country al pop electrónico y dance. Órgano eclesiástico, riffs con músculo, una versión casi calcada de «Vale La Pena». Sensación de artista que no para de reinventarse.

Sexy Zebras pusieron el festival patas arriba. Abrieron con «Bailaremos» y no bajaron la guardia. Pogo inmediato. Pelucas para «Marisol». Rock combativo ante un público que se sabía cada palabra. «Charly Garcia», «Bravo» y «Días de Mierda» cerraron uno de los directos más completos de la jornada.

Besmaya actuaron por primera vez en Cantabria con banda completa y lo convirtieron en sorpresa de la noche. El dúo formado por los dos Javis —Echávarri y Ojanguren— demostró que sus canciones crecen cuando las acompaña una formación al completo. Cinco músicos engrasados, sonido compacto y una dedicatoria a «Nadie» que lo decía todo. El tipo de concierto del que uno sale buscando el nombre en las plataformas.

La noche la cerró Ultraligera. Los madrileños llegaron con «Pelo de Foca» convertido en disco de oro y «Lapsus», su segundo trabajo, recién publicado y con una gira de más de cuarenta fechas por delante. Arrancaron con «Lapsus» y no cedieron un milímetro. Hubo fuegos, hubo rock visceral, hubo emoción colectiva. Un extenso interludio de agradecimientos y la presentación de su nueva incorporación a la guitarra, Mario Díez, restó minutos a un concierto que merecía más cancha, pero no empañó lo que fue: el cierre que el viernes de Sonórica pedía a gritos.

Castro Urdiales ya no es una apuesta. Es una certeza. Seis ediciones después, Sonórica ha dejado de justificarse y ha empezado a exigir que le presten atención.

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