Dublín sigue escupiendo bandas como quien respira. Gurriers llegan con su segundo disco, ‘Nobody’s Coming To Save You’, y lo que traen bajo el brazo es un álbum recio, oscuro y disonante en su justa medida. Un puñetazo encima de la mesa.

Irlanda, con menos de cinco millones y medio de habitantes, se ha convertido en la gran cantera internacional del rock de guitarras. Habría que remontarse al Manchester postindustrial, al Nueva York de los setenta o al Seattle grunge para encontrar una densidad de talento similar. Las contradicciones económicas de Dublín —una ciudad donde los jóvenes ya no pueden vivir mientras se asientan multinacionales con ventajas fiscales y expatriados con la cartera llena— alimentan ese caldo. La rabia tiene que salir por algún sitio.
Gurriers comparten trinchera con The Murder Capital, Sprints y unos Fontaines D.C. que ya juegan en otra liga. El quinteto dublinés bebe de las fuentes turbias del post-punk para lanzar su grito contra un mundo que tiene en Irlanda uno de sus epicentros más grotescos. Pero no se quedan en la denuncia local. Aquí hay preguntas sobre la condición humana. Prefieren las preguntas a los sermones, y eso se nota.
El equipo técnico no es cualquier cosa. Mark Bowen (Idles), Loren Humphrey (Geese) y John Congleton (Swans, Death Cab For Cutie) se han puesto detrás de los controles. El resultado es un disco que suena necesario desde la canción que le da título. ‘Party Lines’, uno de los singles más brutales, retuerce el disco-turbio que patentaron P.I.L. y compañía para señalar la hipocresía política con el dedo bien firme.
El nivel se mantiene de principio a fin. De la tensión eléctrica de ‘Shades’ y ‘Waiting For Fisher’ a las guitarras sinuosas de ‘Pins’. Del trémolo infinito de ‘Today Is Not Enough’ a los ambientes densos de ‘Drones’ o el romanticismo melódico de ‘I Wish I Was’. Hay pop esquinado en ‘Nothing Happens Twice’ y un epílogo con ‘Crybaby’ que cierra el círculo. Todo funciona. No sobra nada.
La sombra de los U2 fundamentales —los de antes de convertirse en lo que son ahora— y de Whipping Boy, banda de culto cuyos ecos han tardado tres décadas en manifestarse, planea sobre un disco que exprime la rica tradición guitarrera irlandesa sin quedarse atrapado en ella.
‘Nobody’s Coming To Save You’ suena a disco que nace de la necesidad y no del cálculo. Crudeza atemporal. De lo más inspirado que ha dado la música de guitarras este año.



