Ziraun afilan su rock oscuro en ‘Biziraun’, un disco que pesa y que duele

Ziraun publican su segundo disco, ‘Biziraun’, y lo que traen no es una simple continuación. Es una banda que ha crecido y que no tiene problema en demostrarlo.

El proyecto nació en 2022 y desde su primer trabajo dejó claro que tenía identidad propia. Ahora, con ‘Biziraun’, esa identidad se ha vuelto más densa. Más adulta. La base sigue siendo rock oscuro, pero las costuras se han ensanchado: hay más matices en las composiciones, pasajes íntimos que conviven con momentos épicos y una voluntad evidente de salir de la zona cómoda.

El título del disco marca la dirección de todo lo que suena dentro. ‘Biziraun’ habla del recorrido del propio grupo, pero también de memoria, transmisión, duelo, identidad y realidades olvidadas. Cada canción desarrolla su propia idea, y sin embargo hay un hilo temático que las cose todas. El disco funciona como un bloque. No es una colección de canciones sueltas.

Musicalmente, Ziraun mantienen lo que les define: ritmos contundentes, guitarras con fuerza y una voz femenina melódica y poderosa. Pero esta vez hay más capas. Atmósferas más oscuras, dinámicas que respiran, momentos en los que la distorsión cede y deja sitio al silencio. Ese equilibrio entre pegada y contención es lo mejor que tiene el disco.

«Floema» es uno de los puntos álgidos. La colaboración con Aitor Gorosabel no es decorativa: refuerza el mensaje de la canción, una reflexión sobre la transmisión de la cultura vasca, el vínculo entre generaciones y la responsabilidad de quienes vienen detrás. El discurso se construye a través de una metáfora botánica que le da profundidad sin hacerlo pretencioso. Musicalmente, es de lo más sólido del álbum.

«Plazandreak» muestra la cara más comprometida de la banda. Reivindica el trabajo y el anonimato de las mujeres de generaciones anteriores, jugando con imágenes simbólicas y una energía que no deja lugar a la indiferencia. «Santimamiñeko Paretak» tira del mismo hilo visual: pinturas murales del pasado convertidas en metáfora de sueños y luchas del presente. No es rock panfletario. Es rock que mira hacia atrás para entender lo de ahora.

El disco también sabe bajar la intensidad sin perder peso. «Enararen itzulera» funciona como una reflexión escrita a uno mismo, una pausa necesaria frente al ritmo acelerado de todo lo que nos rodea. Y luego está «Hanamiaren B aldea», probablemente la pieza más valiente del álbum. Aborda el dolor y el vacío que deja el aborto, un duelo silenciado que aquí se trata con una sensibilidad que no busca protección ni eufemismos. En momentos así, Ziraun demuestran que la fuerza no está solo en la distorsión. También está en lo que se calla.

‘Biziraun’ no intenta romper los límites del género. No le hace falta. Lo que hace Ziraun es habitar el rock con un discurso propio, cruzando emoción personal y mirada social sin que una devore a la otra. Su fuerza está en la honestidad y en la energía que transmiten cuando todo encaja. Dentro del rock vasco actual, esta es una voz que suena distinta. Y lo que es más difícil: suena necesaria.

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