El segundo álbum de la banda zaragozana cumple tres décadas. Publicado en 1996 con Grabaciones en el Mar y el apoyo de BMG a través de RCA, sigue siendo el punto más alto de una de las propuestas más inclasificables del indie español de los noventa.

El Niño Gusano nunca se pareció a nadie. Sergio Algora, Sergio Vinadé, Mario Quesada y Andrés Perruca arrancaron en Zaragoza en 1993 con una idea de pop que no encajaba en ningún molde. Ni siquiera dentro de una escena independiente que ya de por sí iba por libre.
Su primer epé, ‘Palencia’ (1994), les puso en el mapa sin llegar a demasiados oídos. El debut largo, ‘Circo luso’ (1995), fue recibido entre halagos y perplejidad a partes iguales. El pop español de los sesenta latía en su dieta musical, las reseñas buscaban paralelismos imposibles —Gorky’s Zygotic Mynci aparecía con frecuencia— y el disco regaló “La mujer portuguesa”, una de las canciones de la década. Pero fue con ‘El efecto lupa’ donde todo cristalizó.
El álbum se grabó en el verano del 95 con Juanmi Sánchez como productor. BMG se había fijado en ellos y, a través de RCA, se alió con Grabaciones en el Mar para el lanzamiento. Más medios, mejor sonido. Más músculo sin perder un gramo de rareza. Da la impresión de que al grupo no le importaba lo que dijeran de ellos las publicaciones especializadas. Su mundo seguía siendo solo suyo.
“Pelícano” abre el disco como declaración de intenciones. Las imágenes de Algora golpean desde el primer verso. “Mr. Camping” muestra una solidez nueva en las composiciones, algo que no estaba en ‘Circo luso’. Y entonces llega “Pon tu mente al sol”, con sus trompetas rutilantes, su estribillo perfecto y un cambio de ritmo que nadie ve venir. Un gancho infalible. Un clásico en potencia que resume lo que era esta banda: capaces de lo extraordinario dentro de lo ingobernable.
El disco cambia de humor sin avisar. La psicodelia de “Conde Duque”. La provocación de “El chico de la noria hecha con pelos de colores”. La energía desbocada de “Vicente del Bosque”. Los aires orientales de “La chica que salió de la tarta”. Y el cierre con “Un viaje a la Luna”, emotivo y certero, que treinta años después sigue pegando igual.
Cuando el álbum llegó a las tiendas, la exposición del grupo creció. Giraron por todo el país. Porque más allá del sentido del humor que viajaba de lo trágico a lo descacharrante, en la banda se tomaban las cosas muy en serio. El siguiente paso fue ‘El escarabajo más grande de Europa’, un disco con grandes canciones y mayor potencial comercial, pero que no cumplió las expectativas que ciertos despachos habían hinchado demasiado. Poco después llegó la disolución.
Lo que vino después ya es historia conocida. Sergio Algora montó Muy Poca Gente y más tarde los imprescindibles La Costa Brava junto a Fran Nixon. Vinadé y Perruca crearon Tachenko. La semilla siguió dando frutos por caminos distintos, pero ‘El efecto lupa’ quedó como el momento en que todo encajó. Treinta años después, sigue sonando a algo que solo cuatro tipos de Zaragoza podían haber hecho. Y eso, en una escena que ya era rara de por sí, tiene un mérito enorme.



