El tinerfeño Juan Belda, uno de los músicos más infravalorados del panorama experimental español, publica ‘Memories Of A Loser’ (Astronomy Recordings, 2026), un álbum que cruza fronteras estilísticas con una naturalidad que asusta.

De Belda se habla poco. Y es difícil de entender. Arreglista, compositor y poliinstrumentista, arrancó en los setenta junto a Juan Hidalgo y Luis Vecchio, dos figuras clave de la vanguardia sonora. En los ochenta, con el movimiento Fluxus, el tecno y el afterpunk como combustible, pasó por proyectos como África Gráfica, Arte Moderno o Skalectric. Su debut homónimo de 1986 sigue siendo una pieza de experimentación que no ha perdido un gramo de audacia.
Ahora llega rodeado de The Bit Band, un conjunto de músicos de procedencias dispares que encajan como piezas de un engranaje absurdamente preciso. Juanjo Ortí y Mandi Capote a la batería, Pelayo Arrizabalaga y Jorge Pardo al saxo, Javier Colis a la guitarra, Markus Breuss a la trompeta, Enrico Bárbaro al bajo y la voz de Madoka Belda. La formación es un lujo. Y suena como tal.
La portada, obra de Iago Méndez, ya avisa de lo que viene: piezas de geometrías y colores distintos que juntas forman algo parecido a un talismán multicultural. El título, ‘Memories Of A Loser’, lleva su dosis de humor paródico. Belda lo tiene claro: el arte que se toma demasiado en serio acaba siendo aburrido.
El disco abre con «I Had A Dream» y unos arreglos que cortan la respiración. El sonido de la marimba remite directamente al Rock In Opposition de los setenta, a esas cenefas musicales de belleza endiablada. Después llega el tema que da nombre al álbum, donde los ribetes jazz a lo Lounge Lizards se combinan con derivaciones prog y un trabajo de Breuss a la trompeta que merece párrafo aparte. No lo va a tener, pero lo merece.
«I Want You (She’s So Heavy)» cincelada con ecos a King Crimson. La banda funciona aquí con la exactitud de un reloj suizo, yuxtaponiendo capas de sonido que serpentean sin perder el norte. Es el tipo de pieza donde cada escucha revela algo nuevo.
Los momentos más arriesgados llegan en la segunda mitad. «El Lado Oscuro De La Calle» tiene un tono espectral, con la voz de Belda tratada y unas percusiones de Colis que le imprimen un pulso tribal al conjunto. «La Máquina De Los Sueños» bebe del sonido de Canterbury y del Leftfield, con reminiscencias a producciones de Un-O-Sound. Y «El Trapecio» se lanza al free jazz con puntos al Herbie Hancock de ‘Crossings’ y ‘Head Hunters’. Cada corte cambia de registro sin que el disco pierda coherencia. Eso es lo difícil.
‘Memories Of A Loser’ no es un disco fácil. Tampoco pretende serlo. Es un álbum que exige atención, que se bifurca y se entrelaza, que mezcla texturas, tonos y armonías con una precisión que solo puede salir de alguien que lleva medio siglo pensando en sonidos. Juan Belda sigue sin recibir la reivindicación que merece. Este disco es un argumento más —y de los grandes— para que eso cambie de una vez.



