Vittara presentan ‘VTT ARA’, once canciones entre la vida adulta y el ruido que les salva

Tres años después de ‘Incògnita Brutal’, la banda barcelonesa vuelve con un disco grabado a primera toma, sin capas innecesarias y con la urgencia de quien roba horas al trabajo para seguir haciendo música.

Vittara no han tenido tiempo para pulir nada. Y eso, lejos de ser un problema, es exactamente lo que define ‘VTT ARA’. Uri, Tuli y Pol se graduaron en 2022 y desde entonces el curro les ha ido comiendo terreno. El título del disco lo dice todo sin metáforas: VTT es su mundo creativo, libre e idílico; ARA es la vida formal, adulta y aburrida. «No tuvimos que rompernos mucho la cabeza con el concepto del disco porque es la realidad que nos hemos encontrado», reconoce Uri.

La producción va en la misma línea. Guitarras, bajo, voces grabadas prácticamente en una primera toma. «No queríamos perder las horas, sino amortizarlas». Once canciones que suenan directas, sin artificios, con esa crudeza de quien sabe que el estudio no es un sitio donde quedarse a vivir sino donde aprovechar cada minuto antes de volver a fichar.

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Hay excepciones. «Arqueología shoegaze» lleva sonando en directo desde 2025, pero no encontraba su forma definitiva hasta que Lins EFX entró a poner sus versos. Cinco minutos de canción que no estaban planeados. «Decir que estaba planeado sería romantizarlo un poco», admite Uri. El disco también cuenta con melodías más soñadoras de la mano de Socunbohemio y versos rapeados de poggioli, que según la banda «entran a cuchillo y aportan personalidad y frescura al conjunto».

Ni siquiera la familia se ha librado. En ‘Mapa’ había un puente que no terminaba de funcionar. Probaron con audios propios. «Daba muchísimo cringe». La solución llegó cuando Tuli propuso grabar algo con su abuela. Encajó perfecto.

El disco abre con ‘Quina sort!’, un homenaje a las amistades, y cierra con ‘Algú se’n recordarà’, una carta de amor al propio grupo. Entre medias, la honestidad de Uri sobre lo que significa compartir banda: «Pol y Tuli no son mis mejores amigos. Para mí son otra cosa que va más allá. Me han llegado a caer peor que mis mejores amigos. Tener una banda es quererse tanto como discutes». Constantemente tomas decisiones artísticas en conjunto, dice, y en ese tipo de opiniones no hay nada correcto o incorrecto.

Cada vez más escorados hacia el indie-rock y más lejos del pop de sus primeros pasos, Vittara se sienten cerca de gente como Bons Nois o Roko Banana. Bandas a las que se niegan a llamar «emergentes». Su lectura de la escena catalana es clara y algo amarga: «Cataluña es un lugar pequeño, donde no se puede definir completamente una escena underground. No hay suficiente volumen de gente escuchando música en catalán como para mantener un circuito mainstream y otro alternativo». Mucha peña haciendo cosas distintas al trompeteo de The Tyets o Figa Flawas, pero sin que se les vea como un todo.

La estética del disco también habla. VHS, handycam, lo analógico filtrado con sensibilidad contemporánea. «Nunca nos ha molado hacer videoclips pasando horas en rodajes en un campo para grabar dos planos». Uri lo resume sin complejos: «No podemos escapar de este rollito alternativo, de modernito de Barcelona».

Y aun así, reivindican que lo suyo no es tan raro. Tienen estribillos que se cantan con los colegas. Hacen música accesible. Lo que pasa es que el tablero de la industria todavía no sabe muy bien dónde colocarles. A Vittara eso ya parece darles igual. Tienen disco, tienen banda y tienen las horas contadas para disfrutarlo. Con eso basta.

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