The Damned pasaron por la Sala Lab Wagon de Madrid el 27 de septiembre con su gira del cincuenta aniversario. Lo que dejaron sobre el escenario fue una descarga sin concesiones que cruzó todas las etapas de una banda que sigue negándose a parar.

Medio siglo da para mucho. Da para mil giras, para una lista interminable de músicos que pasaron por sus filas —no en vano se ganaron el sobrenombre de The Damned F.C.— y para seguir reuniendo a un público que mezcla punks, góticos y rockeros sin que nadie se mire raro. En Madrid se juntaron todos. Y todos sabían a lo que iban.
La formación recuperaba el triángulo original: Rat Scabies, Dave Vanian y Captain Sensible, con Paul Gray de vuelta y Monty completando la alineación. La ausencia lógica era la de Brian James, pero lo que quedaba sobre el escenario era suficiente para invocar la esencia de los primeros días. Esa sensación de que el tiempo no ha pasado. O de que a ellos les da igual que haya pasado.
El repertorio tiró del siglo pasado casi en exclusiva. La primera parte se movió en territorio oscuro. «Street of Dreams» y «Shadow of Love» marcaron el tono, esa etapa intermedia donde The Damned coqueteaban con las sombras. «The History of the World (Part 1)» funcionó como píldora de cianuro en medio de una tiniebla contenida que iba calentando la sala sin prisa.
Hubo problemas técnicos con la percusión. No importó demasiado. La entrega del grupo los tragó como si nada. La dinámica estalló con «I Just Can’t Be Happy Today» —no sin antes preguntar al público si estaba contento, porque el humor siempre fue parte del paquete— y con «Is It a Dream?», que preparó el terreno para una «Eloise» que prendió todo lo que había que prender.
A partir de ahí, algo de luz. Toda la que puede desprender el imaginario punk de una Londres nublada, que tampoco es mucha. «Love Song» y «Second Time Around» entraron como ladrillo visto, directas y sin adornos. «Machine Gun Etiquette» mantuvo el pulso antes de que una «Neat Neat Neat» acelerada reventase el bloque principal por lo alto. Cierre en mayúsculas.
Los bises eran obligados. «New Rose» salió a escena con el peso de ser la canción que lo empezó todo en las islas. Cumple cincuenta años en nada. Cincuenta. Y sigue sonando como si alguien acabase de encender una mecha. El colofón llegó con las dos partes de «Smash It Up», que funcionaron exactamente como lo que son: una declaración de intenciones. Mientras tengan cuerda, seguirán haciendo pedazos la historia.
Lo que dejó The Damned en la Lab Wagon no fue nostalgia. Fue la prueba de que una banda con medio siglo a cuestas puede subirse a un escenario y escupir energía sin que suene a recreación ni a museo. Elegancia y variedad. Oscuridad y acelerones. Vanian imponiendo presencia, Scabies aporreando como si le fuera la vida, Captain Sensible siendo exactamente eso. Medio siglo y ni una sola razón para parar.
(Fotos: Álvaro de Benito)



