El Chojin aterrizó en la sala Kubik de Vitoria para presentar ‘Balance’, su último álbum publicado en dos partes a lo largo de 2026. Lo que vino después fueron más de dos horas de concierto, 41 canciones y una conexión con el público que no se fabrica en un estudio.

La noche arrancó con Rush Blacka. Los de Irun dispusieron de 40 minutos para hacer lo que mejor sabe hacer una banda telonera con hambre: ganarse al público que no ha venido a verles. Lo consiguieron. Levantaron a la sala en varios momentos y dejaron el terreno preparado para lo que venía.
Poco después salió El Chojin acompañado por Aoshi al micro y DJ Bigfalanges a los platos. «Adultos con gorra» fue el pistoletazo de salida. A partir de ahí, un setlist de 41 temas que obliga a preguntarse cómo se elige entre más de 20 discos de repertorio. Tiene mérito solo el trabajo de selección.
Hubo de todo. Reivindicación social, salud mental, amor, bases con guitarras e incluso algún tropiezo divertido con el orden de las canciones. Pero lo que marcó la noche fue otra cosa. El público llevó el ritmo del concierto como si lo hubiera ensayado. Silencios, gritos, palmas, saltos. Todo encajó. Los pocos que eligieron la conversación por encima de la música fueron acallados por la mayoría. Así de claro.
Uno de los momentos más celebrados llegó con el repaso a los clásicos. «Show de Truman», «Rap contra el Racismo», «Vocaliza», «Guapa» y la icónica «Lola» sonaron como lo que son: canciones que llevan años grabadas en la memoria de quien las escuchó por primera vez y nunca las soltó. Esa mirada al pasado no fue nostalgia vacía. Fue recordar de dónde viene alguien que lleva 27 años encima de un escenario.
‘Balance’ habla precisamente de eso. De hacer recuento. De buscar ese equilibrio entre mantenerte fiel a lo que eres y no caerte cuando todo alrededor se mueve. El disco que da nombre a la gira cerró también el concierto. No tuvo un peso excesivo en el setlist, pero cumplió su función: ser la excusa perfecta para que El Chojin vuelva a la carretera.
Porque ahí está la clave. Chojin es escritor, colaborador de radio, mil cosas más. Pero cuando pisa un escenario, todo eso desaparece. Queda el MC. El que empezó con esto y el que, 27 años después, sigue haciendo que una sala entera se mueva durante dos horas sin que nadie mire el reloj.



