Gara Durán publica su primer álbum largo. Se llama como ella, tiene 12 canciones y habla de amor, desamor y muerte. Así de simple. Así de valiente.

En un momento en que cada disco necesita una coartada conceptual, un hilo conductor o una polémica que lo justifique, Gara Durán planta un álbum de cantautora sin más pretensión que contar su vida. La portada lo dice todo. El título lo confirma. ‘Gara’ es un debut desnudo de estrategia y lleno de canciones.
Pero hay truco, y es un truco que merece atención. Tras experimentar en su EP ‘Alkimia’ y varios singles sueltos, Durán ha ido afinando una querencia por los sintetizadores y las ambientaciones «new age» que no es nada habitual en el pop español. Cita a Caroline Polachek como favorita. Se nota que ha escuchado a Mike Oldfield. Y eso, en 2026, es una rareza que se agradece.
Donde todo cristaliza es en ‘Libélula’. Un tema escrito, tocado y producido al cien por cien por ella sola. El único crédito extra es el ingeniero de sonido. Es el tipo de canción que marca territorio, que dice «esto también soy yo» sin levantar la voz. Ojalá se convierta en costumbre en sus próximos discos.
Los sintetizadores de ‘Redada’, los coros «uh-nah-nah» de ‘Eterno aterrizaje’ que funcionan casi como percusión, la intro de ‘Cuál es mi destino’ con ecos de Stone Roses o Primal Scream, el rollo ochentero de ‘Antes de conocerte’… El disco no para quieto. Y encima hay country: las hebillas y el ritmo de ‘Mi loco cowboy’, los arreglos de ‘Buena suerte’. El rango es amplio y no suena forzado.
Lo más difícil de ‘Gara’ es algo que pasa desapercibido. Escribir buenas canciones desde la felicidad. La declaración de amor de ‘Una casa en el Teide’ —grabada con su pareja Barry B—, el humor descarado de ‘Mi loco cowboy’, la alegría pura de ‘Avalancha’. Eso no lo consigue cualquiera.
Hubo un momento en que ‘El lago de mi pena’, aquel tema devastador sobre un compañero artista que murió en un incendio mientras trabajaba de camarero en Madrid, parecía un techo imposible de superar. Gara la coescribió para un disco de Barry B y la emoción de esa canción era difícil de igualar. Pero ya ha entregado dos o tres composiciones igual de intensas, y esta vez desde la esperanza, desde la positividad.
‘Gara’ es exactamente eso. Un disco que celebra que los sueños a veces se cumplen. Sin coartadas, sin poses, sin necesidad de justificar nada ante nadie.



