Antes de subirse al escenario del Low Festival de Torrevieja el próximo viernes 31 de julio, el líder de Papa Topo ha compartido las bandas sonoras de cine que más huella le han dejado. Un recorrido que va de la ópera pop de Michel Legrand al jazz infantil de Vince Guaraldi.

La primera elección ya marca territorio. Adrià Arbona arranca con ‘Los paraguas de Cherburgo’ (1964), la colaboración entre Jacques Demy y Michel Legrand que él describe como «una ópera pop cinematográfica». Todos los diálogos están musicalizados. Las orquestaciones son exuberantes de principio a fin. Y Legrand, según Arbona, tenía la habilidad de hacer música muy complicada que «resulta facilísima y natural al oído». De ese mismo tándem Demy-Legrand rescata también ‘Las señoritas de Rochefort’, más jazzística, y ‘Piel de asno’, más oscura y enrevesada.
La segunda parada es ‘Las horas’ (2002), de Philip Glass. Y aquí la cosa se pone personal. Arbona fue a verla cuando cumplió once años y la define como «un antes y un después». Le impactó la temática —tres mujeres en planos temporales distintos marcadas por el suicidio, el abandono y la enfermedad—, pero sobre todo la música. Glass hizo algo así como una revisión minimalista de la música de cámara de finales del XIX. Arbona, que se describe como un niño bastante alegre, se obsesionó con aquella melancolía. Se compró el CD, las partituras, y se pasó meses tocándolas al piano.
La tercera es una joya del cine español que muchos no conocen. ‘Manuela’ (1976), la ópera prima de Gonzalo García Pelayo, un director que Arbona descubrió en un ciclo de la Filmoteca de Barcelona. García Pelayo, famoso por su método para jugar a la ruleta, fue también impulsor del rock andaluz de los setenta y productor de Triana, Lole y Manuel o María Jiménez. En ‘Manuela’ aparecen muchas de esas músicas. Arbona recuerda dos escenas con especial viveza: una mujer bailando un zapateao encima de una tumba al son de Triana, e imágenes aéreas del amanecer en Andalucía mientras suena ‘Nuevo Día’ de Lole y Manuel.
La cuarta elección conecta directamente con el universo sonoro de Papa Topo. ‘But I’m a Cheerleader’ (1999), una comedia negra sobre una animadora que ingresa en una terapia de conversión, le descubrió un montón de bandas. Go Sailor, Dressy Bessy, Saint Etienne, April March. Grupos liderados por chicas, entre el indie pop y el riot grrrl, con un carácter naif e irónico que era a la vez «marcadamente feminista y contracultural». La selección musical, dice Arbona, casa perfectamente con el tono subversivo de la película.
El cierre es puro Arbona. El especial navideño de Peanuts, ‘A Charlie Brown Christmas’ (1965), con música de Vince Guaraldi. Lo vio por primera vez estas pasadas Navidades y le encantó. El universo de Peanuts, explica, es aparentemente inocente pero alberga mucha tristeza, ansiedad y depresión. La música de Guaraldi transmite esa dualidad: sencilla, medio infantil, pero con un poso melancólico muy importante. La anécdota que remata todo es perfecta: para grabar el villancico ‘Christmas Time Is Here’, contrataron un coro profesional de niños que cantaba «demasiado bien», así que les hicieron repetir la canción hasta que estuvieron cansados y aparecieron desafines e imperfecciones. Guaraldi buscaba que sonara como un grupo de niños cantando villancicos de forma espontánea. Esa fragilidad buscada, calculada pero honesta, dice bastante de lo que Arbona entiende por música que importa.
Cinco películas, cinco formas de entender que la banda sonora no es fondo. Es el corazón de la escena.



