Toundra publican ‘Siete’, su nuevo álbum, bajo un formato inédito para ellos: la autoedición completa. Los madrileños cambian de guitarrista, incorporan sintetizadores y apuestan por la autonomía creativa en un disco que exige paciencia pero recompensa cada escucha.

La salida de Esteban J. Girón, guitarrista fundador, en 2023 pudo haberlo roto todo. Dudas dentro. Dudas fuera. Pero la entrada de Jorge García a la guitarra y las primeras apariciones en directo de la nueva formación, como la de las Fiestas de San Isidro, dejaron claro que Toundra seguía respirando.
‘Siete’ hace honor a su nombre. Es una vuelta a la canción como unidad, a la composición por encima del concepto global. Cada tema funciona con autonomía propia. Se acabaron, al menos en parte, los crescendos calculados y los valles efectistas que marca el manual del género.
Lo que aparece en su lugar son sintetizadores. Usados con inteligencia, sin invadir nada, arropando las composiciones nuevas como quien pone una manta sin asfixiar. Ese matiz analógico en lo electrónico convierte el disco en algo menos inmediato, menos espectacular de primeras. Pero tremendamente honesto.
El músculo sónico de siempre sigue ahí. Buena parte de eso se explica con un nombre: Santi García, productor innegociable para el cuarteto a estas alturas. Su mano es la garantía de que el ADN de Toundra no se diluye aunque el envoltorio cambie.
“Rapier” abre el disco con toda la majestuosidad que se le puede pedir a una banda de post-rock. Golpea fuerte. “Eina” baja el ritmo y se mueve por un territorio más evocador. “Wispar” apuntala la intención frontal del nuevo trabajo, y es con “Costa Roja” cuando los elementos electrónicos toman más protagonismo.
Tras la directa “30960”, el disco cierra con un tono más tenue. “Sizigia”, fantasmagórica y hermosa. “Uniforme”, sinuosa, con ecos arábigos que recuerdan a algunas atmósferas de su clásico ‘II’. Un cierre que mira hacia atrás sin quedarse anclado.
El otro cambio importante no suena en los altavoces pero pesa igual. Toundra han dado el paso hacia la autogestión y la autoedición total. Libertad creativa sin intermediarios. Protección de un legado que, disco a disco, se ha ganado un lugar de respeto tanto en España como en el circuito internacional del post-rock.
‘Siete’ no es un disco que se entregue a la primera. Demanda recorrido, varias escuchas, tiempo para que cada capa encuentre su sitio. Pero eso, viniendo de Toundra, no es un defecto. Es una declaración de principios.



