Rüdiger lanza su tercer álbum, ‘Love is a muscle’, un trabajo donde el amor se convierte en ejercicio diario y en acto de resistencia. Atrás queda el fin de civilización que sobrevolaba sus discos anteriores.

El músico detrás de Rüdiger no para. Toca con Ke Lepo, su dúo de electrónica. Acompaña a Ruper Ordorika. Forma parte de FYRS, banda de pop francesa. Prepara material con Joseba Irazoki en quinteto. Y acaba de colaborar con Elena Setién en la banda sonora de ‘Odol Ilargia’, la serie de David Losado para Eitb. Pero Rüdiger sigue siendo otra cosa. «Siempre ha sido y será mi hueco creativo total y un terreno de juego aparte de mis otras bandas», reconoce. «Me siento completamente libre de ir donde se me antoja.»
Y donde le ha apetecido ir esta vez es hacia la luz. ‘Love is a muscle’ es un disco que se fue aclarando mientras se componía. Menos peso, más aire. La idea central es directa: ejercitar el amor cada día para que no se atrofie. Pero no se queda en lo sentimental. «Hay algo muy político en el amor», explica. «Es una fuerza de aceptación de la otra persona, lleva a la empatía. Hoy en día hay muchas fuerzas que quieren dividirnos para vendernos algo, gobernarnos más fácil. El odio y la soledad te hacen más vulnerable.»
Los referentes que se han mencionado alrededor del disco van de Kurt Vile y The War On Drugs a Fleetwood Mac y Steely Dan. Sonidos limpios, elegantes. Una finura que ya estaba en Rüdiger pero que aquí se abraza sin complejos. Cuando antes cantaba sobre el fin del mundo y arrastraba ese peso en directo, ahora quiere contar el amor que encuentra cada día y revivir esos momentos al cantarlos. «No invento nada aquí, All you need is love! Pero necesitaba recordármelo a principios de mis 40.»
El directo confirma que el disco respira. En su reciente paso por el Kafe Antzokia, el concierto se estructuró como un viaje en dos mitades: una primera contenida y melódica, una segunda expansiva y bailable que desemboca en rock. «No me gusta escuchar la misma canción en todo lo largo de un concierto, me gustan los viajes, los cambios de humor. Me parece más fiel a una conversación y a la vida misma.»
Entre las canciones que ganan cuerpo en directo está ‘Breve e indoloro’, nacida de la amistad con Anari. Se conocen desde 2008, cuando compartían colectivo en Bidehuts. Anari fue quien le abrió las puertas a la música en euskera con su disco ‘Habiak’. La canción surgió de un intercambio por WhatsApp: él le escribió que sería «breve e indoloroso», ella se partió la cara de risa y le pidió que hiciera una canción «chorra en castellano, algo pequeño». Lo que salió fue un estribillo que suena a crisis de los cuarenta sin drama añadido. Anari, además, firma la letra de ‘Bi egun’, la primera canción en euskera de Rüdiger.
Y luego está Willis Drummond. La banda está parada, no muerta. «Estábamos cada uno en una etapa diferente en nuestra vida y necesitábamos una pausa», dice sin cargar las tintas. Pero reconoce que todo lo que es hoy como músico tiene raíz en aquella experiencia: la gira, la convivencia, el hacerlo todo entre cuatro. Rüdiger nació precisamente porque había canciones que no cabían allí. Jurgi, por su parte, canaliza lo suyo con Ekiza. «Porque la furia y la explosión la experimentamos de sobra con Willis Drummond.»
‘Love is a muscle’ suena a alguien que ha dejado de preguntarse por qué se metió en esto. Que ha encontrado su sitio exacto entre todas las bandas que habita. Y que ha decidido que cantar sobre el amor a los cuarenta no es cursi. Es necesario.



