El festival gallego volvió a la Azucreira de Portas con una edición marcada por los imprevistos, las confirmaciones rotundas y un puñado de conciertos que van a costar mucho de superar este verano.

Todo arrancó con Amoebo inaugurando bajo un sol que no perdonaba. Energía y oficio. Lo justo para calentar un recinto que todavía no sabía lo que le esperaba minutos después. Porque lo de Hey Kid fue de esas cosas que solo pasan en un festival: su batería se golpeó contra la pantalla del escenario y tuvo que ser atendido de inmediato. El grupo decidió salir igualmente, tocando entre el público en formato improvisado. El momento más impactante del fin de semana antes de que casi nadie hubiera abierto la primera cerveza.
Marina Reche volvió a hacer de su voz el argumento central de todo. Impecable de principio a fin, con espacio para el baile y la emoción sin que ninguna de las dos cosas sonara forzada. Después, Fillas de Cassandra presentaron ‘Tertulia’ y el salto fue evidente. Las nuevas canciones convivieron con las antiguas, la puesta en escena ha crecido y el directo atrapa de una forma que antes solo insinuaban.
Rigoberta Bandini apostó por lo visual tanto como por lo sonoro. Momentos íntimos, baile, acercamientos al techno. Funcionó, pero dejó la sensación de quedarse a medio gas. Quienes no dejaron ni un gramo de contención fueron The Rapants. Los de Muros siguen sin encontrar techo. Punto. Y Niña Polaca cerró la jornada dejando claro que merecen horarios centrales en cualquier cartel. Una banda engrasada y un repertorio sin respiro.
El viernes trajo a Candela Liste, breve pero suficiente para mostrar una voz y una personalidad que no se olvidan fácil. Alejo sorprendió con un ejercicio de rock clásico tan bien construido que no necesita reinventar nada. Además adelantó un próximo disco grabado junto a Amaro Ferreiro, con acento gallego. Eladio y Los Seres Queridos volvieron a justificar una trayectoria larga como pocas. Y Repion hicieron lo que mejor saben hacer: dejar claro que tienen uno de los mejores directos del país. Intensidad de principio a fin, nivel casi insultante.
Eliades Ochoa regaló la oportunidad de ver en directo a uno de los fundadores de Buena Vista Social Club. Después llegaron M-Clan y Hombres G. Puede que el nivel vocal ya no sea el de otros tiempos, aunque la reacción del público y el peso emocional de sus canciones siguen ahí. La pregunta incómoda es otra: ¿la nostalgia debería ser siempre el argumento definitivo? Sexys Zebras devolvieron la temperatura al recinto con guitarras y fuego, haciendo honor a ‘Jaleo’. Y Grande Amore volvió a presentarse con banda. Las canciones ganan músculo, el sonido se vuelve más contundente y Nuno se mueve con una libertad sobre el escenario que contagia todo.
El sábado arrancó con Noelia Franco confirmando un talento vocal enorme ante los pocos que madrugaron. Los Acebos dejaron un directo intenso con material nuevo, temas antiguos y alguna versión que conquistó a los despistados. Orquesta Mendoza justificó por sí sola la filosofía de PortAmérica: una banda de Arizona girando por Galicia. Ni la lluvia frenó el baile. Meridian Brothers redondearon su paso invitando al escenario al Instituto Mexicano del Sonido para interpretar el disco que comparten.
Y entonces llegó el granizo. Durante unos minutos el festival quedó en el aire. El trabajo del equipo técnico permitió que Xoel López pudiera salir a escena, pero lo que ocurrió en esos minutos de incertidumbre resume bien lo que fue esta edición de PortAmérica: un festival donde todo podía pasar y casi todo pasó. Lo previsible funcionó, lo inesperado lo hizo todavía mejor, y la Azucreira de Portas volvió a demostrar que hay pocas citas en el calendario festivalero español con esta capacidad para juntar mundos tan distintos en un mismo recinto.



