Los herederos de Polar publican un álbum homónimo que roza el sobresaliente y que cuenta con Dean Wareham y Britta Phillips entre sus invitados.

Enero de 1996. Sala Papillon, Valencia. Polar telonean a El Niño Gusano y Juan Enrique León, de la promotora Tranquilo Música, suelta una frase que se quedó grabada: «Son el mejor grupo de Valencia». Podía sonar exagerado. No lo era tanto.
Polar fueron, durante más de una década, la banda que mejor trasladó la sonoridad de The Velvet Underground, Galaxie 500 y Luna al pop independiente español. El cuarteto formado por Jesús De Santos, Miguel Matallín, Paco Grande y Tintín Calero —luego sustituido por Guillermo Alcover y después por Jesús Sáez— dejó cinco discos entre 1998 y 2010: de ‘Sixteen second communication’ a ‘Fireflies in the alley’. Aparecían con regularidad en las listas de fin de año, aunque nunca convocaran multitudes.
Se disolvieron. De Santos se fue a la promoción de música en directo. Los tres restantes —Matallín, Grande y Sáez— montaron The Standby Connection. El nombre lo decía todo: el piloto sigue encendido.
Tres álbumes y un EP desde 2012, sin prisas. La vida pasados los cuarenta impone otros tiempos. Con la incorporación de Ramón Manzaneda (La Gran Alianza), el más joven del grupo, la banda llega ahora a su cuarto álbum: un homónimo, ‘The Standby Connection’ (2026), que resulta ser su mejor trabajo.
La excusa perfecta para reeditar aquel entusiasmo de Juan Enrique León treinta años después. Quizá no sean el mejor grupo de Valencia. Pero sí uno de los mejores.
El disco abre con «2024», una línea directa que va de Velvet Underground a Modern Lovers, Feelies, Hefner y Wave Pictures. Territorio reconocible para quien lleve años en esto. «Dreams» se mueve hacia el jangle pop, en algún lugar entre Teenage Fanclub y The Lemon Twigs. Y el estribillo de «Visions» vuela todavía más alto, como si llegara de la Escocia de Ché Records.
El marchamo selenita —de Luna, se entiende— se evidencia en la primorosa «We can hide in L.A.» y en «M.B.», un delicado tributo al productor Matthew Barnhart donde aparecen Dean Wareham y Britta Phillips. Que los de Luna se pasen por tu disco no es un detalle menor. Es una confirmación de parentesco.
Las guitarras de «Pats on the back» suenan rotundas. Las de «End of the summer», sedantes. «Last chance» tiene cadencia ágil y coros refulgentes: pop de quilates. El cierre lo ponen «Day one» y «My friends», esta última con un crescendo imponente que funciona como broche inmejorable.
La portada la firma Juan A. Pardo: una fotografía de la famosa gasolinera de Oliva construida en los años sesenta, aún en pie. Unas Torres Wilco valencianas. Porque el Mediterráneo también merece su propia iconografía a golpe de pop.
Valencia no es California. Pero escuchando este disco, la distancia se encoge hasta casi desaparecer.



