Ana Serret Ituarte convierte su ciudad natal en el centro de gravedad de una película que huye de cualquier convención narrativa. ‘Apuntes para una ficción consentida’ (2026) elige lo cotidiano como única materia prima y construye con ello algo que se parece más a un cuaderno de bocetos que a una ficción al uso.

La protagonista es Lea, una actriz suiza que vive en España y se mueve entre el alemán y el castellano. Le da vida Isabelle Stoffel, actriz suiza radicada en España, un espejo deliberado del personaje. La conocemos pedaleando por las calles de Madrid mientras suena la música de Javier Porro, y el eco de la Nouvelle Vague aparece sin necesidad de buscarlo.
El guion no sigue una lógica de causa y efecto. No hay giro ni clímax esperando al final de la curva. Lo que hay son fragmentos. Trozos de la vida de Lea organizados en breves capítulos: su relación con su expareja, interpretada por Àlex Brendemühl; la convivencia con su compañera de piso, a cargo de Violeta Rodríguez; los ratos con amigos como el personaje de Sigfrid Monleón. Y entre medias, su relación con la interpretación, con el trabajo, con dos idiomas y con dos países.
Madrid no es decorado. Es estructura. Ana Serret Ituarte le da a la ciudad un peso enorme, y la fotografía de Almudena Sánchez se encarga de que cada calle y cada comercio digan algo sobre quienes los habitan. Los paisajes urbanos funcionan aquí como estados de ánimo, no como postales.
Hay una escena en la que Lea mira la cartelera de la Filmoteca en el cine Doré. Hay otra en la que simplemente se come un bocadillo. Son momentos que en cualquier otra película irían a la papelera del montaje, pero aquí son el centro de todo. La directora entiende que la vida no se cuenta solo con los grandes momentos. Se cuenta con los intermedios.
La película se acerca al territorio de la autoficción y el documental sin cruzar del todo la línea. Ese retrato del barrio, de los vecinos, de los pequeños rituales diarios, conecta directamente con los ‘Daguerrotipos’ que Agnès Varda filmó en 1976. No es una referencia gratuita. Hay en ambas obras la misma voluntad de mirar lo que tenemos delante y encontrar ahí algo que merezca ser filmado.
Una imagen resume bien el espíritu de la película: Lea dejándose arrastrar por la corriente de un río. Esa entrega, ese dejarse llevar sin oponer resistencia, funciona como metáfora del propio relato. ‘Apuntes para una ficción consentida’ no quiere llevarte a ningún sitio concreto. Quiere que te quedes en el camino y mires alrededor.
Ana Serret Ituarte ha hecho una película que desactiva las expectativas y las sustituye por algo más difícil de conseguir: frescura real. Sin trucos, sin subrayados, sin necesidad de convencer a nadie de nada.



