Sara Morales dedica su columna semanal en Efe Eme a rastrear los lazos entre Lou Reed y Edgar Allan Poe, dos creadores separados por más de un siglo pero unidos por una obsesión compartida: la cara más lúgubre de la condición humana.

Reed nunca escondió su devoción. Decía que Poe era un genio literario, el mejor poeta del mundo y un maestro insuperable a la hora de explorar los miedos, las angustias, la oscuridad y la muerte. No se quedó en palabras.
En el año 2000 montó POEtry, una obra de teatro junto al director de escena Bob Wilson en la que rescataban los mejores textos del escritor salpicados con fragmentos de su biografía. Después vino un libro ilustrado, publicado en España como El cuervo, con ilustraciones del artista italiano Lorenzo Mattotti.
Y en 2003 llegó el disco. ‘The Raven’, donde el neoyorquino adaptaba cuentos y poemas de Poe mediante canciones experimentales y spoken word. La nómina de colaboradores era de otro planeta: Bowie al frente de «Hop Frog», Willem Dafoe en «The Raven», más Laurie Anderson, Anohni y Steve Buscemi, entre otros.
Reed hizo suyas las historias más inquietantes del padre del terror psicológico. «La caída de la casa Usher», «El valle de la inquietud», «El gusano conquistador», «El pozo y el péndulo». Las habitó casi literalmente.
Morales señala lo que conecta a ambos más allá de la temática: el gusto por la locura, las pesadillas y la obsesión. Canciones como «Waves of Fear» y cuentos como «El corazón delator» comparten un mismo impulso autodestructivo, una misma visión psicológica de los personajes.
Pero lo que más pesa, según la columnista, es otra cosa. Una mirada crítica y marginal que desafió las normas de su tiempo. Poe con la literatura, Reed con el rock. Personas de carácter áspero y complejo, tremendamente independientes y libres. Disidentes sociales los dos. Compañeros en la noche sin haberse cruzado jamás.



