Los Enemigos publican ‘Canciones chulas’ (Mushroom Pillow, 2026), su primer disco en seis años y su regreso a un sello discográfico tras más de dos décadas de autogestión.

El título ya avisa. No hay pretensiones, no hay grandes discursos. Josele Santiago, Fino Oyonarte, Chema “Animal” Pérez y David Krahe vuelven con una declaración de principios disfrazada de provocadora sencillez: humor, mala leche y esa vieja costumbre de convertir la derrota en materia rockera.
La canción que da nombre al disco lo deja claro desde el arranque. «Canciones chulas» es cruda, rabiosa, una reivindicación de la música como lugar de resistencia. Tensión, suciedad y un punto de urgencia. No tienen que justificar nada. Solo seguir haciendo lo que saben.
Hay rock clásico de colmillo largo en «En alguna realidad», con un riff adictivo que evoca a Jaime Urrutia y a los últimos discos de Gabinete Caligari. Hay humor negro en «Mil condenas», donde la cárcel se convierte en refugio frente a una libertad que resulta mucho más hostil. Y hay sarcasmo afilado en «Puto blues», un retrato del rockero rebelde que con los años acaba convertido en caricatura: chapas, parches, poses y otra prisión más.
«El próximo vals» lleva todo al extremo. Casi violenta, poblada de muertes, disparos, perros y cruces de hierro. Josele canta con una agresividad que escupe más que habla. No es una canción sobre la guerra, es una canción sobre el Apocalipsis. Visiones más grotescas que dramáticas.
Pero el disco no se queda ahí. «¡Bum!» también habla del fin del mundo, pero desde la estética del tebeo Bruguera, con menciones a Tintín y Tarzán y ecos de la Motown. «Miss Dinamarca» es enigmática, nocturna, una historia de carretera con devoción casi religiosa rebajada por la ironía.
Y luego están las cuatro más íntimas. «Pájaro ciego» es acústica y delicada, la alegoría de quien ha perdido la orientación. «Luz de dos lunas» habla de fascinación y deseo como trampa, con Josele extrañamente sereno. Fino toma el micrófono en «Rumbo al sol» para cantar al amor maduro que aún encuentra camino, en una delicia de power pop. Y «Isla», la más hermosa, donde ya no hay aspereza sino soledad, resistencia y fragilidad. Sin las guitarras tan presentes, sería una balada impresionante.
‘Canciones chulas’ mira al presente y rechaza la solemnidad. No es un ejercicio de nostalgia, aunque cada nota sea reconocible. Es un disco lleno de rabia y de ternura, de sarcasmo y de lucidez. Que Los Enemigos vuelvan a un sello tras más de veinte años de ir por su cuenta dice algo. Que lo hagan con un disco así dice mucho más. Sensibilidad en la mirada, ganas de abrazar el mundo aunque pinche.



