La banda murciana defendió su último EP en una Sala Siroco entregada, con Elsa Yepes como fuerza volcánica al frente y una aparición estelar de Mireia Porto de Rosy Finch.

No hubo teloneros. Solo una pinchada previa con un gusto exquisito —«Rotten Apple» de Alice In Chains sonando antes de un concierto así debería ser obligatorio— y una sala con una concurrencia más que generosa. Le Mur no necesitaban calentamiento ajeno. Lo hicieron ellos mismos.
«Tecnoloto» abrió fuego. Primer perdigonazo. Pero fue «Epimeteo», aquel single de Caelum Invictus (23) que ya marcó un antes y un después en su trayectoria, la que dejó claro que la noche iba en serio. El salto cualitativo de esta banda respecto a lo que hacían en sus inicios con El Brote (17) es de los que se notan en cada nota.
Y en el centro de todo, Elsa Yepes. Una vocalista con un carácter, un poderío y una expresividad que pertenecen a otra época. Ella misma reconoció sobre el escenario que el día había sido largo, con grabaciones en medios desde primera hora. Incluso pidió sentarse antes de una canción. Los primeros compases parecieron algo comedidos. Espejismo. Puro espejismo.
«Lapislázuli», quizá lo más accesible que Le Mur hayan compuesto nunca, generó una conexión inmediata con el público. Pero fueron los momentos de desgarro los que volaron la sala. «Monoceros» y «ADVP», con Elsa machacando su laringe sin contemplaciones, desataron pogos y una energía que no cabía en Siroco. Ahí es donde esta banda muestra todo lo que es.
Pedro J. Carrillo a la guitarra, Carlos Barceló al bajo y Juan Carlos Becerra a la batería cumplieron con una solidez impecable. Especialmente finos en «Sagitta», esa pieza de orfebrería instrumental cercana al post rock donde los tres demostraron que saben contenerse cuando toca. «Porno» trajo esos flirteos con el trap perfectamente ensamblados, y entonces llegó «Llaga».
Mireia Porto, vocalista de Rosy Finch, emergió de entre el público para vaciar sus entrañas junto a Elsa. Si en la versión de estudio que cierra Bruto (26) ya parecía una de las cumbres del EP, en directo volvió a serlo. Dos voces desgañitándose juntas con esa intensidad. Momento cumbre de la noche.
«Llegan», rescatada del debut, cerró el tramo final con otro acierto. Elsa, comunicativa y agradecida durante toda la velada, pareció a ratos al borde del colapso emocional. No del que preocupa, sino del que se contagia. Le Mur se despidieron transmitiendo plenitud absoluta. Una banda en estado de gracia dentro de esa escena de metal-rock alternativo injustamente subterránea donde también habitan nombres como Agoraphobia, Ella La Rabia o Bourbon. Un pequeño tesoro nacional que merece salir de las catacumbas de una vez.



