Electric Wizard convierte la Paral·lel 62 de Barcelona en templo del doom

Quince años sin pisar España con gira propia. Electric Wizard volvió a hacerlo en la antigua sala Barts, ahora Paral·lel 62, y lo que ocurrió allí dentro fue una experiencia física antes que musical.

La sala se tiñó de negro. Dentro, fuera y en sus inmediaciones. El público habitual del stoner doom llevaba tiempo esperando esta oportunidad y la acústica del local, sumada a unos técnicos de sonido portentosos, hizo el resto. Graves corpulentos, texturas orgánicas, precisión en cada detalle. Algo que recordó a la experiencia del Roadburn holandés. Y sonó así desde el primer minuto.

Tres bandas de Barcelona calentaron el ritual. Dopemancer, activos desde 2023, metieron al público en materia rápido con su stoner doom y se ganaron comentarios elogiosos durante toda la noche. Tort, que han publicado este año su cuarto disco, ‘Dimonis de la sauva negra’, noquearon a base de riffs como montañas mientras en la pantalla desfilaban escenas de antiguas películas de terror erótico con efecto narcotizante. Un golpe tras otro.

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Ground cambió de tercio. Aceleraron los tempos y despacharon groove en algún punto entre Down, Entombed y High on Fire. El guitarrista y cantante Marcos Cordo en un lateral, el batería Edu Zapico en el centro. Su aparente duelo desembocó en un festival de riffs que empezó a pasar factura en las cervicales de la concurrencia.

“We are Witchfinder and we are gonna fuck you all!”, proclamó Clément, cantante de los franceses Witchfinder. Y cumplió. Vista desde los palcos superiores, la imagen de todas las cabezas practicando headbanging coordinado fue hermosa. Los autores de ‘Hazy Rites’ sonaron más pesados que una estampida de mamuts. Sus estructuras cíclicas indujeron un trance colectivo sin necesidad de ayuda química. Los polacos Belzebong recogieron el testigo con doom instrumental y proyecciones caleidoscópicas, aunque su propuesta quedó algo desdibujada por momentos.

Y entonces llegó el clímax. Una enlatada ‘Procreation of the Wicked’ de Celtic Frost escupida a todo volumen por los altavoces. Magnífico preámbulo. Si el sonido hasta ese momento había sido casi perfecto, aquí se tornó monstruoso. La banda exigió en su rider técnico un mínimo de decibelios, desafiando los máximos de la sala. Los temblores y los bajos se multiplicaron sin perder calidad. Una atronadora ‘Witchcult Today’ dio fe de ello al instante.

Un hierático Jus Oborn y una Liz Buckingham oculta tras su larga cabellera rubia, ambos amarrados a sus sempiternas Gibson SG, lideraron la ceremonia. En la pantalla, fragmentos de películas de culto: sacrificios, potros de tortura, desnudos. El universo visual de siempre, entre el hippismo mansoniano y el Satanic Panic de los ochenta. Parcos en palabras. Siempre de negro. Centrados en lo suyo.

El aquelarre sonoro avanzó a base de riffs en bucle, destellos de psicodelia y celuloide gastado. Misas negras alternadas con postales del cosmos, ovnis, criaturas marinas, moteros, bombardeos y llamaradas a cámara lenta. Interpretaron con aplomo ‘Black Mass’, ‘Satanic Rites of Drugula’ y ‘Time to Die’ antes de desplegar la tríada final: ‘Dopethrone’, ‘The Chosen Few’ y ‘Funeralopolis’. Media hora de éxtasis doom que dejó sin aliento a toda la sala.

Como colofón visual, la luz al final del túnel. Con forma de hongo nuclear. Las puertas del Apocalipsis abiertas de par en par en la Paral·lel 62. Barcelona tiene nuevo templo del doom y Electric Wizard lo consagró sin necesidad de decir casi nada.

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