El primer disco de Standstill en trece años llegará este otoño. Pero antes, la banda ha decidido abrir la puerta con ‘Vida y obra de un titiritero’, una novela gráfica de ochenta y ocho páginas firmada por Enric Montefusco y el dibujante Oriol Garcia Quera.

No es un capricho editorial ni un complemento promocional. El propio Montefusco lo explica sin rodeos: «El contenido de este nuevo proyecto me lo ha pedido». El músico, que ya ha publicado relatos, dirigido un documental y cuatro espectáculos escénicos, encontró en el cómic un terreno nuevo que explorar. Y lo hizo de la forma más inesperada: dando con el trabajo de Garcia Quera en una biblioteca, por azar.
Garcia Quera, especializado en cómic histórico, no conocía la música de Standstill cuando aceptó el encargo. Montefusco le trazó una ruta de escucha y visionado, un orden concreto para sumergirse en el universo de la banda antes de coger el lápiz. «Sintonizamos a la primera», recuerda el dibujante. «Lo que me sedujo fue la profundidad del mensaje que Enric quería transmitir, con el que me sentí identificado, y la dificultad que entrañaba hacerlo».
El libro no es una biografía de Standstill, aunque tiene mucho de autobiográfico. Todo arrancó en 2025, cuando Montefusco detectó que las letras nuevas apuntaban en una misma dirección: su historia, la banda, la creación, la relación con el arte. «Empecé a entender que lo que me había pasado a mí le ha pasado a muchísima gente, por no decir que a cualquier persona que haya intentado defender un proyecto propio». Para contarlo, se sirve de símbolos y arquetipos ambientados en la Edad Media. Las referencias contemporáneas, sin embargo, están ahí: el logo de Bcore en una banderola, los círculos de la portada de ‘Adelante, Bonaparte’, las figuras de Ian Mackaye y The Carpenters encarnando al referente y al juguete roto.
Montefusco marca la distancia entre el grupo que empezó y el que vuelve ahora. Standstill nacieron de la rabia y la frustración, «con ganas de conquistar y casi de vengarse de un mundo con el que no estábamos de acuerdo». Screamo y post-hardcore como pólvora. Hoy el impulso es otro. «Volvemos desde el amor y desde las ganas de compartir lo que somos de una manera genuina». Ya no se trata de volar nada. Se trata, dice, «de dejar algo que valga la pena para los demás».
El proceso creativo del cómic también tiene algo de insólito. Sin guion previo ni orden cronológico. Composiciones de página muy distintas entre sí, poco texto, mucha narrativa visual, colores elegidos según las emociones. Garcia Quera y un periodista acabaron bautizándolo como «poema gráfico» e incluso «ópera cómic». La libertad creativa fue total.
Libro y disco son obras autónomas y complementarias. Montefusco lo tiene claro: «Cuando llegue el disco, le dará otra dimensión a estas páginas. No es como una película con banda sonora: lo tienes que juntar tú dentro de ti». Hay también una reivindicación de lo artesanal, de lo hecho con las manos. «Nuestra manera de funcionar tiene mucho de eso y creo que, en el mundo de hoy en el que se nos viene encima, tiene mucho valor».
La banda que completan Piti Elvira a la guitarra, Ricky Falkner al bajo y Ricky Lavado a la batería vuelve con ochenta y ocho páginas en cartoné y color antes de que suene una sola nota nueva. Trece años después, Standstill no han elegido un single ni un comunicado para anunciar su regreso. Han elegido un cómic medieval lleno de símbolos, dolor transformado en belleza y la convicción de que lo que tienen que contar merece un formato que se toca con las manos.



