Atlantic Fest 2026: diez ediciones de hacer las cosas bien en la Praia da Concha

El Atlantic Fest celebró su décima edición en Vilagarcía de Arousa con más de 21.500 asistentes, un cartel que combinó peso y descubrimiento, y la confirmación de que su modelo a contracorriente sigue funcionando.

Mientras la industria de los festivales compite por inflar cifras, el Atlantic Fest sigue empeñado en otra cosa. La Praia da Concha no es un recinto cualquiera. El escenario principal se levanta sobre la arena, la ría de Arousa hace de telón de fondo y el atardecer entre conciertos forma parte del espectáculo sin que nadie tenga que forzarlo. Hay festivales con decorados. Y luego está este.

El formato de escenario único volvió a demostrar por qué funciona. Nada de solapes, nada de carreras entre carpas. Mientras se montaba el siguiente grupo, Grande Osso tomaba el relevo desde el escenario pequeño con una selección musical que mantuvo la energía sin romper el ritmo de la jornada. Una fórmula sencilla que permite ver el cartel entero sin renunciar a nada.

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El viernes marcó el tono desde el principio. Nadadora protagonizó uno de los regresos más esperados de la edición. Triángulo de Amor Bizarro hizo lo que siempre hacen: arrasar en directo con esa intensidad que les es propia. Carolina Durante confirmó su momento, y el cierre de Two Door Cinema Club convirtió la playa en una pista de baile enorme. De los norirlandeses hay que destacar algo que no siempre se menciona en las crónicas: el sonido fue impecable. Potente, limpio, equilibrado. Se escuchó cada detalle con una claridad que en festivales al aire libre es casi una rareza.

El sábado arrancó con Alonso y continuó con un Nacho Vegas inspiradísimo. La aparición de Abraham Boba para interpretar «La pena o la nada» fue uno de los momentos más celebrados de toda la edición. Vegas sigue siendo una de las voces más personales de la música española y lo recordó sin necesidad de levantar la voz. Depresión Sonora puso la oscuridad y la contundencia. Shame firmó uno de los directos más intensos del fin de semana.

Si hubo un nombre que se llevó el sábado, fue Carlos Ares. Su salida desde la ya característica palloza, acompañado por una banda en estado de gracia, dio paso a una actuación cuidada hasta el último detalle. Puesta en escena elegante, sonido impecable y una naturalidad que conectó con un público entregado de todas las edades. El músico gallego dejó uno de esos conciertos que se quedan. Después llegaron Los Planetas, demostrando una vez más por qué siguen ocupando el lugar que ocupan.

El único pero razonable tiene que ver con los horarios de mediodía. Propuestas como las de Alonso o Nacho Vegas cayeron en las horas de más calor. La cercanía del mar suaviza, pero el sol apretó con fuerza y eso restó algo de comodidad a conciertos que pedían una escucha más pausada.

Fuera de lo musical, la organización volvió a cuidar los márgenes. Servicios bien distribuidos, sin colas eternas. Un Punto Lila y Arcoíris activo durante todo el festival con dinámicas de concienciación. Y el espacio Mocidade polo Planeta, centrado en sostenibilidad y respeto al medioambiente, un mensaje que en un enclave como la ría de Arousa cobra todo el sentido.

Diez ediciones después, el Atlantic Fest no ha necesitado multiplicar su aforo para crecer. Le ha bastado con respetar su propia idea: un escenario, una playa, espacio para respirar y un cartel pensado para gente que va a escuchar. En tiempos de festivales que se parecen cada vez más entre sí, eso ya es mucho.

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