La Línea Roja debuta con ‘Todo lo malo es cierto’ y avisa: lo mejor está por venir

La Línea Roja acaba de soltar su primera descarga. Once canciones de punk-rock con vetas high energy que nacen entre La Rioja y Euskadi y que llegan con un nombre propio al frente: Daniel Pérez, voz principal de un disco llamado ‘Todo lo malo es cierto’.

La banda surge de las cenizas de La Excavadora. Joel y Txiki tenían temas acumulados y ganas de seguir haciendo ruido. Jokin venía de proyectos anteriores. Jose y Daniel habían coincidido con ellos en los tiempos de La Excavadora. Fue Haritz Harreguy, con el que todos habían trabajado, quien lanzó la idea de conectar las dos orillas. «Una vez quedamos y empezamos a poner ideas en común hubo muy buen entendimiento porque el proyecto empezó de la manera que todo buen grupo nace: en la barra de un bar, con rock and roll sonando de fondo mientras nos bañábamos en vino y cerveza», cuenta Daniel.

El nombre no es casual. Daniel lo tiene claro: «Me gusta ver La Línea Roja como esa condición inamovible durante una negociación, pero que en un momento dado te la saltas conscientemente y mandas a tomar por culo la diplomacia y las buenas formas». Una línea roja puede ser el tachón de un profesor o el láser de un francotirador. Libre interpretación.

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Las comparaciones con el rock escandinavo han aparecido desde el primer día. Lejos de molestarles, les halagan. «No puedo evitar un escalofrío de placer cuando alguien pincha Gluecifer, Backyard Babies, Hellacopters, Turbonegro…», reconoce Daniel. Acepta el parentesco, pero defiende que La Línea Roja tiene identidad propia.

Lo que separa a este disco de un simple ejercicio de guitarras gordas y ritmos aplastantes está en las letras. Hay crítica social, sí, pero sin eslóganes fáciles ni panfletos. «Prefiero pecar de cutre al decir algo que tengo en mi cabeza y no sé muy bien cómo darle salida a que suene panfletario», explica Daniel. Y hay algo más: las canciones hablan en plural. Lo colectivo como trinchera frente al individualismo. «El capitalismo actual está empeñado en separarnos, en que compitamos, en individualizarnos, así que hablar de comunidad, compañerismo, emociones y camaradería es una de las mayores revoluciones ahora mismo».

‘Rezad por nada’ rompe el molde dentro del disco. Ritmo distinto, cambios de tempo, una energía que sugiere caminar golpeando el suelo con los pies. Daniel la señala como una de sus favoritas. «Siempre es arriesgado salir de la fórmula que has creado como grupo, pero yo opino que es obligatorio. Hay que navegar por aguas incómodas y no estancarse». También destaca el uso de los breaks, esas pausas donde cae la instrumentación y la voz queda a pelo. Un recurso que en temas como ‘Mercado’ o la propia canción que da título al disco funciona como un puñetazo contenido antes de la explosión.

El rojo y el negro dominan la estética. Daniel no se anda con rodeos: «Están bastante vistos, pero si algo funciona, ¿por qué no usarlo? He reivindicado mucho la camiseta blanca en los espacios punk, pero donde más cómodos estamos es en el negro. El negro es casa».

‘Todo lo malo es cierto’ es la carta de presentación. Once cortes que dejan claro de dónde vienen y qué quieren hacer. Pero Daniel lanza el aviso sin pestañear: «Lo mejor de La Línea Roja aún queda por llegar. Queda ruido para rato». Viniendo de una banda que nació en una barra con vino y volumen alto, suena más a promesa que a bravuconada.

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