Álex Sienna ha pasado por una de las etapas más duras de su vida. Y en vez de encerrarse en la melancolía, ha grabado un álbum de rock de estadio lleno de himnos, muros de guitarras y una necesidad animal de seguir adelante.

‘LINCE’ es el cuarto disco del valenciano y suena a todo lo contrario que su anterior trabajo. Si en ‘Trance’ jugaba con texturas electrónicas, aquí ha tirado de visceralidad pura. «Estaba muy enfadado», reconoce. Y se nota. Pero lo que podría haber sido un ejercicio de desgaste emocional acaba convertido en algo luminoso. Canciones como ‘CEMENTO’ o ‘AFILADO’ cargan sentimientos oscuros sobre melodías que suenan a himno. No hay hueco para regodearse en el dolor.
Sienna lo explica con un símil que le persigue: el videojuego. Pantallas que superar, enemigos que dejas atrás porque no puedes pararte, una partida que merece la pena aunque duela. «Ha sido un disco obligado porque necesitaba vomitar», dice. No hubo plan previo. Las circunstancias de su vida empujaron las canciones hacia fuera.
Lo que vertebra ‘LINCE’ de cabo a rabo, según él, es la esperanza. Esa certeza de que viene algo mejor. Incluso en ‘VALENCIA’, un tema que mira hacia sus raíces, hay un gesto de devolución: querer dar algo a cambio de todo lo recibido. Hoy Sienna dice cuidarse sobre todo del insomnio y de un estado de hiperalerta que no le deja descansar. También de no castigarse tanto. «Creo que viene una etapa muy bonita», apunta.
El disco tiene dos colaboraciones y las dos son con mujeres: Alba Morena y La María. Para Sienna no hay nada raro en ello. Escucha a muchas artistas —cita a Cristina Len, Natalia Lacunza, Sara Sístole, ESTHER— y admira lo que hacen. La María pone voz a ‘VALENCIA’ por su conexión con el folclore tradicional valenciano. Alba Morena, a quien admira como productora y compositora, firma las cuerdas de ‘A.P.D.L.P.’ y aporta una voz que él describe como «muy profunda».
Hay una frase en la entrevista que resume bien el disco y a quien lo ha hecho: «Queremos ser muy diferentes y diversos, pero todos tenemos los mismos problemas existenciales de querer encajar, de habitar la piel que quieres habitar, de ocupar el lugar que quieres ocupar en el mundo». Lo que cambia, dice, no es qué cuentas, sino cómo lo cuentas. Y ‘LINCE’ lo cuenta a base de guitarras, rabia contenida y una coraza que ya está bastante gastada del uso. Pero que todavía aguanta.



