Viva Belgrado abraza el pop sin perder ni un gramo de identidad

Mientras el Guadalquivir fluye y fluye y fluye es el disco en el que la banda sevillana completa una mutación que empezó a asomar en Cancionero de los cielos (2024). Menos fiereza, más estribillos. Pero la tensión sigue ahí.

La evolución no es nueva. Quien haya seguido a Viva Belgrado desde Flores, Carne (2014), pasando por Ulises (2016) y ese punto de inflexión que fue Bella Vista (2020), sabe que la banda nunca se ha quedado quieta. Pero lo que ocurre aquí es otra cosa. Ellos mismos lo definen como una obra «más accesible y celebratoria». Y tienen razón.

La producción de Ricky Falkner les da una definición que antes no tenían. Los estribillos aparecen con una facilidad que en discos anteriores ni siquiera buscaban. La aspereza de las guitarras sigue, la tensión vocal de Cándido Gálvez asoma incluso en los momentos más contenidos, pero el marco es otro. Más luminoso. Más abierto.

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«Un andalucito más» abre el disco con algo de Turnstile y mucho de Viva Belgrado. Una declaración de intenciones contra las expectativas de coherencia estilística que se imponen a los músicos. A partir de ahí, «Y fluye», «Demasiado pasado» y «Calienta que sales» prolongan ese impulso inicial con cambios de intensidad donde la melodía ocupa el espacio que antes llenaba la fiereza.

El rango del disco es llamativo. De la sacudida punk de «El deber de ofender» al surfpunk flamenco de «Menquitofla», que cuenta con la colaboración de Alain Johannes (Chris Cornell, Them Crooked Vultures). De ahí a la sintética «Amor a 136 bpm» o la delicadeza de «Amor en Em». Todo convive sin fricciones.

Las letras también han cambiado. Menos angustia individual, más amistad, más afecto, más contradicciones de la vida adulta. Un giro que encaja con la música: cuando abres el sonido, abres también lo que cuentas.

El cierre lo dice todo. «Memorabilia» atrapa con sus atmósferas y prepara el terreno para «Súper futuro», una canción luminosa con guitarras, sintes y un halo de The Cure que redondea lo que, sin exagerar, es uno de los mejores discos del año. Viva Belgrado ha dejado de gritar para que se les escuche mejor. Y funciona.

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