Las hermanas Iñesta congregaron a 2.500 personas en la sala madrileña en una noche que fue celebración, emoción y la confirmación de que Repion están exactamente donde merecen.

La palabra que sobrevolaba La Riviera al encenderse las luces era «justicia». No la decía uno ni dos. La repetía todo el mundo. Porque lo que ocurrió el pasado viernes en Madrid no fue solo un concierto: fue la culminación de años de trabajo duro, de furgoneta y de hacer las cosas a su manera.
Marina y Teresa Iñesta llevan tiempo construyendo algo real. Rock con reminiscencias del grunge noventero y un aire melódico pop que no se parece a casi nada de lo que suena ahora mismo en España. Llenar La Riviera era cuestión de tiempo. Y el tiempo llegó.
La primera sorpresa fue ver a Repion en formato cuarteto. Además de las hermanas y de la imprescindible Iris Banegas al bajo, se subió al escenario Erin Memento a la guitarra. El resultado fue un sonido con más cuerpo, más empaque. Erin se ganó al público desde el primer acorde y el concierto le sirvió como carta de presentación ante buena parte de los asistentes.
«Uñas de amarillo» abrió la noche sin quemar todas las naves de golpe. Una entrada inteligente, entre lo melódico y lo enérgico, que dejó entrever los nervios de Marina en las primeras frases. Nervios que se evaporaron rápido. Tras la segunda canción, la cantante lo soltó con los ojos brillantes: «Estamos flipando mucho». No era para menos.
Hubo un pequeño accidente con el pedal de la batería de Teresa durante «Pronto». Cosas del directo. Se recolocó todo y la canción arrancó de nuevo con el público cantando al unísono. Esos momentos son los que separan un concierto de verdad de un espectáculo enlatado.
«Columnas», una de las mejores canciones de su disco 201, dio paso a la explosión de «X», donde la banda descargó toda su contundencia. Estribillos volando por La Riviera, brazos en alto, saltos. Casi a mitad del show, tras «El sueño dura una semana», Teresa y Marina se permitieron estrenar «Por qué no vuelves», una canción recién compuesta que encajó en el repertorio como si llevara meses en él. El pulso creativo sigue intacto.
La recta final trajo el momento más especial. Miren Iza (Tulsa) salió al escenario para interpretar junto a ellas «Vienen de pasárselo bien», el tema que grabaron en el EP Entre todas lo arreglamos (Vol. II). Fue mágico. Y no se quedó ahí: un cuarteto de cuerdas se sumó en un tramo concreto del concierto, siguiendo la línea del EP Directo en Casa Grito, donde Repion reinterpretaron canciones de 201 con arreglos de cuerda.
Lo que resulta magnético de esta banda es lo que no necesitan. No hacen falta fuegos artificiales ni giros escenográficos. Teresa toca la batería como si le fuera la vida en ello. Marina acaricia su guitarra con ternura y fiereza mientras lleva la voz a lugares que no se pueden explicar con palabras. Iris se desliza con el bajo transmitiendo algo que solo transmite quien ama de verdad su instrumento. Cuatro instrumentos, una voz y un engranaje milimétrico con la rugosidad de lo auténtico.
Dos mil quinientas personas lo vieron. Y la palabra que se llevaron a casa fue esa: justicia.



