Gilla Band: «Si dependes financieramente de la música, duras menos»

Alan, guitarrista de Gilla Band, lo tiene claro: la creatividad va por un lado y el negocio por otro. En una extensa conversación con motivo de ‘Pugnello’, su cuarto disco, el cuarteto irlandés defiende una filosofía que suena a otro tiempo. Y que funciona precisamente por eso.

El título del álbum viene de una historia de terror escrita por el tío de Dara Kiely, cantante de la banda. Un tipo compra un portátil con una fuente tipográfica maldita llamada «Pugnello», nombre de un pueblecito italiano ficticio. «Tenía sentido porque Dara habla mucho de las cosas de su familia, y tiene gracia que un disco lleve el título de una fuente maldita», explica Alan. Suena bucólico, pero lo que hay dentro no tiene nada de apacible. No Wave futurista, post-punk industrial, cero concesiones.

«Hay gente que nos dice que no lo pueden aguantar, pero otros nos dicen que no hacemos música extrema para nada. Depende de la perspectiva…», reconoce el guitarrista. Y ahí está la gracia. Gilla Band sigue ocupando un lugar incómodo donde nadie los clasifica del todo. Cuatro años después de su anterior trabajo, vuelven sin prisa y sin intención de encajar.

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Su posición frente al mercado es quirúrgica. «Si nosotros nos centráramos en la parte de negocio, tendríamos que pensar en sonar mucho en la radio, o llenar salas más grandes, y eso influiría completamente en la parte creativa. Lo jodería todo», sentencia Alan. Si tienes un single de ocho minutos y te dicen que no lo van a poner en la radio, la respuesta es sencilla: «Vale, normal. Pues a otra cosa».

El respaldo de Rough Trade resulta clave para mantener esa libertad. «Te quita mucha presión de encima. Nos llevamos realmente bien con el equipo. Al nivel de que, cuando me casé hace diez años, hubo gente del sello en la boda», admite. Mientras tanto, Daniel Fox, bajista, se ha volcado en producir bandas como Lambrini Girls o Sprints, aunque con Gilla Band los cuatro se ocupan de la parte técnica. El brutal single ‘Placeholder’ es buen ejemplo: suena a unos Nine Inch Nails todavía más rotos.

La sombra de Steve Albini planea sobre todo lo que hacen, y no solo en lo sonoro. «Ha sido una influencia grande en la banda, filosóficamente. Recuerdo una entrevista muy antigua en la que decía que, si haces música y te las puedes apañar para no depender financieramente de ello, probablemente estés en esto más tiempo». Gilla Band están en ese punto. No viven del grupo. Y eso, paradójicamente, los mantiene vivos.

Alan observa la explosión de bandas irlandesas con fascinación. «Hace diez años estaba seguro de que nos iban a nominar para el Choice Music Prize porque estábamos saliendo en publicaciones internacionales. Ahora todos los artistas que salen tienen reconocimiento internacional y giran, lo cual es una locura. El éxito internacional de bandas como Fontaines D.C. es alucinante». La explicación no la tiene, aunque apunta a algo más oscuro: «La vida en Irlanda se ha hecho más y más hostil para los músicos, con garitos, locales de ensayo y estudios cerrando, y la imposibilidad de encontrar vivienda. Tiene sentido que la música lo refleje de algún modo».

Mientras tanto, el cuarteto sigue compartiendo canciones de Dolly Parton en el grupo. Alan escucha un montón de K-Pop. La clave, dice, es que les motiva escuchar cosas que no han oído antes. Cuando empezaron, Irlanda estaba lleno de imitadores de Arctic Monkeys. Ellos eligieron otro camino. Y ‘Pugnello’ demuestra que no tienen ninguna intención de abandonarlo.

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