El australiano no ha buscado repetir la fórmula de su gran éxito. ‘She’s the Best’ es un álbum más alternativo, más pausado, construido entre la psicodelia y la melancolía de quien se enamora de alguien que todavía no existe.

El éxito de ‘Rush’, la gira de su anterior disco y los meses de carretera con Charli xcx podrían haber empujado a Troye Sivan a buscar otro pelotazo bailable. No lo ha hecho. ‘She’s the Best’ se mueve en otro registro, a medio camino entre la fiesta y la soledad, dos territorios que llevan tiempo conviviendo en su música.
Troye ha descrito el álbum como una colección de «canciones patéticas de amor sobre alguien a quien no he conocido». La idea es esa: enamorarse de alguien que aún no existe. Y desde ahí construye un disco de melodías preciosas, arreglos cuidados, tempos pausados y producciones psicodélicas que miran de reojo a los 90. Las influencias a veces se pasan de evidentes, pero tiene buen oído y sabe darles forma sin que todo suene a homenaje.
La canción que da título al disco es un spoken word arriesgado, de inspiración psicodélica y desarrollo progresivo, dedicado a sus amigas y a la feminidad, que termina hablando de sí mismo. No es un tema que se agote a la primera. Su recorrido comercial ha sido discreto, pero eso no le ha quitado las ganas de defenderlo: el videoclip lo protagoniza Nicole Kidman.
Entre lo mejor del disco están ‘Le Boy’, que pasa de la expansión psicodélica a una coda folk delicada con un «I was born in love with you» que se queda flotando, y ‘Embarrassingly’, que convierte un triste episodio de masturbación en una habitación de hotel en material para una canción acústica. Dos ejemplos de cómo Troye habla del deseo y la frustración sentimental sin perder el detalle más pequeño. En una entrevista lo resume con una frase que dice mucho: «Tengo dinero y un fake tan, ¿qué tengo que hacer para encontrar a ese chico?». La perspectiva gay del disco está ahí, sin disimulo.
El sonido merece párrafo aparte. Troye se mueve entre el dance, el big beat, el dream-pop y distintas formas de psicodelia. En ‘Party’, el sample de Madonna acaba siendo casi anecdótico: la canción está tan bien armada que ‘Music’ se integra con naturalidad, como si siempre hubiera pertenecido ahí. Y cuando parece que el disco va a limitarse a encadenar referencias, el cierre sorprende con vocoder, una guitarra funky suspendida en el espacio y la voz de Lily-Rose Depp.
Quienes esperen otro ‘Rush’ van a echar de menos canciones con más pegada. ‘Canada Dry’ recupera el pulso bailable y destila deseo por un chico al que Troye «quiere chupar hasta dejar seco», pero no alcanza la inmediatez de aquel hit enorme. Otros intentos de explorar sonidos de club se quedan más planos. No todo está a la misma altura.
‘She’s the Best’ funciona mejor como álbum completo que como colección de singles. Es un inventario del gusto exquisito de Troye Sivan, de sus referencias noventeras y de la sensibilidad con la que escribe sobre el deseo, la soledad y el amor imaginado. Algunos artistas esperan a enamorarse para tener algo que contar. Troye le echa imaginación mirando a su alrededor, a sus amigas y a sí mismo. Y eso, a veces, da canciones más honestas que cualquier historia real.


