‘La Odisea’ de Nolan exige ser vista en cine y no acepta excusas

Christopher Nolan ha rodado la primera película de la historia filmada íntegramente con cámaras IMAX de 70 mm. ‘La Odisea’ dura 172 minutos, adapta elementos de la Ilíada y la Odisea de Homero, y llega con una declaración de intenciones que va mucho más allá del propio metraje: el formato es el mensaje.

Solo existen 30 salas en el mundo con un proyector IMAX de 70 mm en activo. Treinta. Nolan lo sabe y no pide disculpas. Le han acusado de elitismo en redes sociales, pero la jugada parece otra: usar su prestigio y su tirón para poner sobre la mesa el deterioro de la experiencia cinematográfica. Obligarnos a pensar en algo que la mayoría ignora, sobre todo quienes ven series en la pantalla del móvil.

Más de 1700 salas IMAX digitales existen en el planeta. En España, cinco. La mayoría del público acabará viendo ‘La Odisea’ en una sala convencional, en digital, en formato estándar de 35 mm. Nolan ha planificado la película pensando en todos esos formatos para que su visión se mantenga en lo esencial. Pero ha dejado fuera de la conversación a quienes prefieren esperar al sofá. Una pantalla de cine es, de media, cien veces más grande que un televisor doméstico.

El artículo de Indienauta lo conecta con un patrón que se repite. ‘Sirat’ (2025), de Oliver Laxe, sufrió lo mismo: quienes la vieron en sala entendieron la propuesta; quienes esperaron a verla en casa dijeron que «no pasa nada». Y antes de eso, generaciones enteras juzgaron ‘2001: Una odisea del espacio’ tras verla en televisores domésticos. En el programa ‘Días de cine’ de La 2, un porcentaje alto de directores, actores y técnicos del cine español confiesa que la obra de Kubrick les aburre. La apuesta del autor del texto es clara: todos la vieron en una tele.

Quien firma la reseña en Indienauta vio ‘La Odisea’ en 70 mm y en IMAX, en Madrid. Su veredicto: estamos ante la experiencia cinematográfica del año. Nolan toma los mitos homéricos y los filtra por todas sus señas de autor. La estructura del guion, firmado por el propio director, despliega los saltos temporales que ya marcaron ‘Memento’: flashbacks dentro de flashbacks, un uso expresivo del montaje de Jennifer Lame que funde pasado, presente y futuro en un flujo simultáneo. Ese juego temporal contrasta con el estilo visual realista de Nolan y le imprime un tono lírico que eleva cada imagen.

El ritmo es trepidante. No parece haber planos que duren más de unos pocos segundos. La banda sonora de Ludwig Göransson acompaña secuencias como el asalto de Troya, descrita como espléndida. Hay batallas épicas, escenas de tensión, momentos dramáticos y, sobre todo, aventura. Nolan abarca mucha historia y muchas peripecias en esos 172 minutos. Como es habitual en él, despacha información clave en escenas de diálogo rápidas. El espectador sin conocimiento básico de los mitos griegos puede perderse en algún tramo, pero el poder de las imágenes impide la frustración.

Un segundo visionado, según la reseña, revela que puede ser uno de los guiones más redondos de su filmografía. La frase importa. No dice que sea perfecto a la primera. Dice que crece.

Nolan no ha hecho una película para ver en casa. Ha hecho una película para recordar por qué existen las salas de cine. Y cuando llegue a las plataformas y alguien diga que «no era para tanto», ya sabremos exactamente qué ha pasado.

La música indie, en tu WhatsAppNoticias, discos y conciertos en el canal de Escena Indie. Gratis y nadie ve tu número.
Unirme al canal

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *