El sexto álbum en solitario de la cantautora estadounidense llegó el 18 de septiembre de 2026 como un giro radical respecto al minimalismo desnudo de ‘Engine of Hell’: electricidad, rabia colectiva y un sello discográfico propio llamado Errant Child.

Había que romper algo para poder reconstruirlo. Esa es la idea que vertebra ‘These Killing Times’ desde su primer tema, ‘Powerless’, donde Rundle canta: «Let me die here with a hammer in my hand / One for smashing / One for making something better». Un martillo para destruir, otro para crear. Ahí está todo el disco condensado en tres versos.
El álbum nació conceptualmente a principios de 2025, mientras Rundle observaba las consecuencias de una catástrofe climática global. Las letras apuntan al capitalismo, la codicia, el avance del fascismo, las injusticias contra la clase trabajadora y la erosión de derechos humanos, de las mujeres y de la comunidad LGBTQIA+. Pero la decisión consciente fue no quedarse en la desesperación. El motor real es la resiliencia feminista, la comunidad y la esperanza frente al colapso.
Si ‘Engine of Hell’ fue un exorcismo en soledad al piano, esto es su respuesta coral. Rundle se rodeó de gente que importa: Jess Gowrie (Chelsea Wolfe, Mrs. Piss) a la batería, Gina Gleason (Baroness) a la guitarra, Troy Zeigler al bajo, Nick Reinhart (Tera Melos) y Patrick Shiroishi al saxofón y voces. A eso se suman colaboraciones de Marissa Nadler y George Clarke (Deafheaven). No es un disco hecho entre colegas por comodidad. Es un disco hecho en comunidad porque la tesis lo exige.
El resultado suena a dark-folk, post-rock, shoegaze y lo que algunos llaman grungegaze. Ocho canciones, cuarenta y tres minutos donde no sobra nada. La estructura funciona como una narrativa en tres actos que lleva al oyente de la rabia a la purga. Cada transición está pensada como un fundido a negro cinematográfico.
Y luego está la voz. Quien recuerde el susurro herido de su anterior disco va a encontrarse con otra artista. Rundle pasa del susurro fantasmal a la rabia melódica en una sola frase, usando capas de cánones vocales grabados sobre sí misma. El efecto es brutal: ya no suena como alguien cantando sola en la oscuridad, sino como un ejército de una sola persona. La prensa especializada ha tirado de referencias grandes —la teatralidad de Tori Amos, la urgencia de PJ Harvey— y por una vez la comparación no se siente exagerada.
La portada, obra de la artista visual Kristin Cofer, dice lo mismo que la música. Un rojo carmesí saturado que lo inunda todo —peligro, urgencia, sangre, pasión—, el rostro de Rundle difuminado tras una tela que se agita violentamente, y unos destellos de luz multicolor que fracturan la opresión del fondo. Es la tesis del álbum en una imagen: buscar luz con obstinación en medio de la hostilidad.
Publicar este disco en su propio sello, Errant Child, no es un detalle menor. Es un acto de coherencia. Si el álbum habla de recuperar el control frente a estructuras que aplastan, editarlo bajo las reglas de otro habría sido una contradicción. Rundle ha elegido la soberanía sobre la comodidad.
‘These Killing Times’ no ofrece finales felices de manual ni resoluciones armónicas complacientes. Lo que ofrece es compañía. Un disco que acepta que convivir con la fractura y la oscuridad es suficiente si se mantiene la integridad. Rundle ha dejado de hablar sola. Y lo que dice acompañada golpea más fuerte.



