El dúo argentino presentó su espectáculo ‘FREE SPIRITS’ con una mezcla de concierto y teatro que desbordó géneros, referencias y cualquier intento de clasificación.

Lo de Ca7riel y Paco Amoroso no se puede explicar con una sola etiqueta. Tampoco con dos. Ni con cinco. Su directo en el Movistar Arena fue exactamente lo que promete su música: un estallido esquizofrénico donde conviven el trap, el rock progresivo, un guiño funk a Prince y un chiste de caca, pedo, culo y pis. Todo en el mismo escenario. Todo sin pedir perdón.
Porque esto no fue solo un concierto. El show arrancó como una especie de espectáculo teatral ambientado en un centro de rehabilitación de mente y cuerpo llamado FREE SPIRITS. Una maestra de ceremonias, medio gurú, medio personaje de sketch, guiaba al público por los 12 pasos del programa. Las frases de autoayuda mezclaban a Cortázar con Gwyneth Paltrow y su ayuno intermitente. Así de desequilibrado. Así de coherente con ellos.
La apisonadora se puso en marcha con ‘No me sirve más’. Cansancio, frustración por la fama, y esa confesión de que su actuación en el Tiny Desk «les jodió la vida». No es pose. Llevan juntos desde los seis años. Tuvieron un grupo de rock progresivo llamado Astor que se separó en 2017 cuando Ca7riel decidió que quería rapear y Paco descubrió que su voz raspada servía para cantar. Se metieron en el trap sin olvidar su pasado. La mezcla explotó.
Cuando sonó ‘Lady Gaga es argentina’, ya no quedaba nadie sentado. ‘Ay Ay Ay’ juntó ritmos caribeños con neo soul y letras sobre tener el mejor sexo posible. ‘#Tetas’ canalizó el síndrome del impostor. ‘El día del amigo’ fue pura ambrosía soul funk. Y ‘Bad Bitch’, construida sobre el riff gigantesco de ‘I Wish’, permitió a Ca7riel marcarse un solo al más puro estilo Prince. Cuando eso ocurre en directo, se perdona casi todo.
Y hace falta perdonar algo. Los medios tiempos no son su fuerte. ‘Vida loca’, con sus toques flamencos, se quedó cerca del cringe. ‘Pirlo’, pese a contener una de las mejores frases de su repertorio —«que yo sin ti soy como Italia sin Pirlo»—, no habría desentonado en un disco de Enrique Iglesias. Y ‘Culo con caca’ estuvo más cerca de Enrique y Ana que del humor irreverente que se les supone.
Pero el espectáculo como tal funcionó en todo momento. ‘Ha ha’ fue el mejor resumen posible de su estilo: slow jamz de R&B, rap, metal y samples de ‘La felicidad’ de Palito Ortega en la misma canción. Un frenopático hecho tema. ‘Hasta Jesús tuvo un mal día’ aportó la melodía. ‘La que puede, puede’ aportó la oscuridad. ‘Dumbai’, la vacilería.
El cierre fue por todo lo alto. Los vientos de ‘Beto’s Horns’ convirtieron el Movistar Arena en una discoteca de trance y tecno salvaje. Luego, giro de 180 grados: títulos de crédito en playback y el ‘Himno del mediocre’, ese guiño a la canción melódica de los 70 que podría haber cantado Raffaella Carrà. Ca7riel se quedó solo en el escenario liderando un karaoke colectivo con el estribillo: «¿Para qué voy a hacer hoy lo que puedo hacer mañana?». Hasta que fue interrumpido por el estreno en exclusiva de ‘Sexy Magic’, su nuevo tema con PinkPantheress.
Lo de la mediocridad, desde luego, no va con ellos. Podrán sonar a Yes, a Miranda!, a Spinetta y a Palito Ortega en la misma noche. Podrán rozar el cringe en algún medio tiempo. Pero nadie sale del Movistar Arena pensando que ha visto algo normal.



