Tanxugueiras dejan atrás la rabia de ‘Diluvio’ y se encierran en lo íntimo. Su nuevo álbum, ‘O Cuarto’, es un trabajo de once canciones casi íntegramente compuestas por ellas, con percusión orgánica y tradición gallega en el centro de todo.

El trío lo tiene claro. «’Diluvio’ era un disco hacia fuera y ‘O Cuarto’ es un disco hacia dentro», explican. Donde antes había patada en la boca, ahora hay blanco, pureza y necesidad de sacarlo todo sin capas. Lo que suena es sobre todo percusión. Hay sintetizadores, sí, pero la intención era llevarlo al directo con casi todo orgánico.
No es un disco de recogidas ni de melodías de archivo desmenuzadas. Esta vez el material es suyo. Aunque hay temas donde entra la música tradicional gallega más popular, como ‘Chorar, chorei’ o el ‘Ven bailar Carmiña’ de ‘Romaría’, canciones que cualquier pandereteira conoce. «Queríamos obtener esos cuatro toques de la música tradicional pura, de decir «mira, nosotras aprendimos esto de las foliadas»», cuentan.
El álbum construye un matriarcado en once actos. ‘Encadear’, uno de los temas, juega con los bpm de club desde una historia real: la de una mujer atada a la firma de su marido que decidió comprarse una casa supiera o no que lo estaba haciendo bien. «Me pinto los labios con la sangre de mis manos», dice la última frase de la canción. Duele y aun así sirve. Esa resiliencia, dicen, es la de las mujeres gallegas que vivieron en un matriarcado tapado por un patriarcado.
Hay una reivindicación que atraviesa todo el disco: la figura de la pandereteira. «Nuestro mayor regalo fue cambiar un poco la visión de Galicia en torno a la música tradicional», reconocen. Antes solo estaba el gaiteiro, los celtas, la gaita. Pero la figura principal siempre fue otra. La que cantaba sin que nadie se lo pidiera. La que levantaba cualquier momento. La cuidadora. «Esto es muy de mujeres. Estamos ahí porque se nos necesita».
Con ‘O Cuarto’ celebran también diez años en la música. Una década en la que tocar fuera de Galicia dentro de España fue más difícil que irse a la India, a Glasgow o a Suiza. «Fue mucho más fácil salir fuera de España que realmente tocar en España», dicen sin rodeos. No había hueco o ellas no lo encontraban. El folklore de España era el flamenco. Punto. Hasta que se plantaron en el Benidorm Fest y todo cambió. «Fue muy duro para nosotras porque fue mucha exposición, pero increíble para nuestra cultura porque se dio a conocer». Y no solo la suya: aseguran que aquello puso en el mapa las culturas de toda la península.
Reconocen la deuda con quienes abrieron camino antes. Mercedes Peón, Gaudí Galego, Xavier Diaz. Sin ellos, dicen, no estarían aquí. Pero lo que hicieron Tanxugueiras fue otra cosa: convertir la tradición en presente sin pedir permiso ni disculparse por el idioma, el volumen o la pandereta.
‘O Cuarto’ suena a grupo que ya no necesita demostrar nada a nadie. Solo quedarse quieto, mirar adentro y dejar que lo que hay salga tal cual. Eso, cuando llevas diez años peleando por un hueco que siempre estuvo fuera de tu propio país, tiene un peso que no cabe en once canciones. Aunque ellas lo hayan metido ahí.
