Lori Meyers vuelven con ‘Disonancia’, un disco de ruptura tras cinco años en silencio

Lori Meyers publican ‘Disonancia’, su primer álbum en cinco años. Diez canciones, media hora de duración y una temática que atraviesa todos los estadios de una ruptura sentimental.

La banda granaína ha construido un disco donde los teclados mandan. Unas veces miran a la década de los Doors, otras a los ochenta. No hay aportaciones del guitarrista Alejandro Méndez: todas las canciones llevan la firma de Noni.

«Todos somos principiantes en el amor», decían hace poco en Radio 3. Y eso es exactamente lo que suena en ‘Disonancia’: tristeza, ira, nostalgia y asunción de lo que se rompe. Un recorrido emocional que no se queda en un solo registro.

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‘En lo total’, el single principal, abre la cara B y deja uno de los versos más coreables del disco: «odio tanto el fin de semana que me dijiste que se acababa». Uno de esos himnos que parecen fáciles de escribir pero que no lo son después de dos décadas. ‘Malafollá’ se va al otro extremo con un «rencoroso hijo de puta» que no deja mucho a la imaginación.

Los sintetizadores de ‘Desilusión’ rozan territorio Daft Punk. ‘Dictadura’ se apoya en una sección de teclados que podrían haber salido de un disco de OMD. ‘Hasta que llegaste’ tiene vocación de himno y en las estrofas parece prima hermana de ‘Mi realidad’ o ‘Emborracharme’. El cierre, ‘Viejo amanecer’, decide levantarse en su último minuto.

El productor Ferran Gisbert ha acompañado a la banda en la construcción del álbum. Sin la fusión de electrónica y rock que aplicó en ‘Conducción temeraria’ de Alizzz, ni la deriva electrónica del reciente disco de Miss Caffeina producido por Pablo Rouss. Aquí la voluntad es otra: pop-rock atemporal, estructura clásica, canciones y punto.

La coincidencia de publicar el mismo día que Anni B Sweet, con temática de ruptura compartida y guiños a la psicodelia sesentera, resulta casi cómica. Las aproximaciones, eso sí, van por caminos muy distintos. Donde Anni B Sweet busca su propio territorio, Lori Meyers apuestan por abrir ventanas en lugar de cerrarlas. Les falta quizá esa composición realmente desangrada que no ha terminado de salir, pero el disco respira mejor así: diez canciones sobre la soledad que eligen no regodearse en ella.

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