Anabel Lee no buscan encajar. El cuarteto de Terrassa publica ‘Todas las vidas’, un tercer álbum que dinamita etiquetas mezclando pop-punk, ska, new wave y post-hardcore sin pedir permiso a nadie.

Su lema lo dice todo: «Ni indie, ni punk». Anabel Lee llevan esa frase como declaración de principios. En ‘Todas las vidas’, cada miembro ha volcado sus influencias sin filtro, y el resultado es un disco que muta de canción en canción. Vio, uno de los integrantes, lo explica así: «No podría haber sido de otra manera; fuimos completamente honestos para llegar a un sitio en común al tener cuatro personas tan inconexas y conexas a la vez».
Vic completa la idea: «En un punto donde podríamos haber intentado disimular o dejar un poco en casa nuestras propias influencias, nos dimos cuenta de que lo mejor era dejarnos llevar». Y añade algo que dice mucho de cómo funciona esta banda: «Había muchas ganas de escuchar lo que se le había ocurrido al compañero».
El disco habla de aislamiento, ansiedad, indiferencia y de la necesidad de encontrar un lugar donde pertenecer. Temas que suenan familiares, sí. Pero lo que interesa es cómo los abordan. Vio no se anda con rodeos: «Estamos viviendo un proceso de deshumanización. Las redes sociales presentan una versión de ti que realmente no existe. Eso ha ido desconectando poco a poco a la persona consigo misma. A mí me lleva a la completa indiferencia sobre lo que me rodea y a la no pertenencia absoluta, porque de repente nada se siente real».
Vic va un paso más allá: «Nos quieren anestesiados, pensando solamente en uno mismo, metiéndonos en la cabeza que la vida comunitaria no es lo que nos toca, cuando es precisamente al revés». Suena radical. Ellos lo saben. Pero lo dicen igual.
Hay una canción en el disco, ‘Estado mental’, que reivindica la amistad y la percepción de uno mismo. Cuando se les pregunta si la música española está hablando de salud mental con honestidad o solo como moda, Vic contesta con matices: «Si de repente Leiva hace una canción sobre la salud mental y estrena el single en ‘La Revuelta’, el discurso se percibe más fácilmente. Pero hay que prestar más atención a lo que se hace desde la base en proyectos que no son tan masivos». Avisa: «Hay discursos y temas que se capitalizan, y con eso hay que tener cuidado».
Lo que hace especial a ‘Todas las vidas’ es que toda esa frustración viene envuelta en canciones que invitan a saltar. El humor funciona aquí como escudo y como arma. Vio lo define como «un canalizador de lo absurdo». Vic pone un ejemplo concreto: «’Me das asco’ habla de un momento y de unas personas concretas. Has pasado por un mal momento en tu vida en el que tus amigos te abandonaron. Pero sentí la necesidad de contarlo sin hacer una súper balada profunda y triste».
La banda diseña su propio arte visual y rechaza tajantemente el uso de Inteligencia Artificial en su proceso creativo. El titular de esta entrevista lo resume mejor que cualquier manifiesto: «¿Qué sentido tiene hacer un puente con la guitarra si le vas a preguntar a la IA qué nota poner?». En un momento donde medio sector abraza la automatización, Anabel Lee eligen la trinchera artesanal.
Cuatro personas de Terrassa que no quieren ser indie ni punk ni nada que alguien haya decidido por ellos. ‘Todas las vidas’ suena exactamente a eso: a una banda que ha dejado de negociar consigo misma.



