Vilvao acaban de soltar su primer disco y lo han hecho sin voz, sin red y sin concesiones. Siete temas instrumentales, cuarenta y cinco minutos y un debut homónimo publicado el pasado uno de julio que exige atención completa.

Lo primero que hay que saber es que Vilvao no facilitan las cosas. Su propuesta es densa, cambiante, llena de giros que obligan a recolocarse con cada escucha. Pero ahí está la trampa: cuanto más vuelves, más encuentras. El disco recompensa la insistencia.
La “Intro” abre con casi cuatro minutos de crescendo siniestro que podría llevar la firma de Godspeed You! Black Emperor. Puro cine. Atmósfera que se espesa sin prisa. Y cuando todavía estás ahí dentro, llega “Predator” con un ritmo marcial y riffs que cortan como los de Pantera. Cada instrumento va reclamando su turno mientras la base no deja de golpear y las guitarras se van volviendo marcianas.
“Zazpi” es donde el disco enseña todas sus cartas. Estructura djent con libertad de jazz. Una combinación que recuerda a unos Lamprea pasados por el filtro de la violencia y, sobre todo, a los desaparecidos Continuo Renacer, otra banda que sabía alternar lo pesado con lo experimental sin que nada chirriase.
El centro del álbum lo ocupa “Veitu”, la pieza más extensa con más de doce minutos. El bajo manda al principio y desde ahí el tema se abre en espiral. Los tres instrumentistas se van pasando el protagonismo, desplegando técnica y un hambre de experimentación que no se detiene. Es el corte donde la vertiente jazzística respira con más espacio.
“La Torre De Cristal” llega como un respiro necesario. Aires etéreos, harmonía, algo más cercano al post-rock convencional. Pero Vilvao no se quedan quietos ni cuando bajan el volumen: pasados los cuatro minutos, el diálogo entre los tres instrumentos se vuelve deslumbrante. En “Fortress” vuelven a pisar terreno Tool: acelerones, frenazos, mundos que parecen opuestos encajados dentro de su propio universo. Un corte sobresaliente que deja el disco listo para cerrarse con “Outro”, un epílogo que retoma el arranque del álbum y lo estira de forma maquinal hasta apagarse.
Siete canciones, cero voces, cuarenta y cinco minutos de viaje sin mapa. Vilvao han elegido la manera más difícil de presentarse y han salido de pie.



