Papá Levante vuelve 20 años después y convierte la Sala But en una máquina del tiempo

Papá Levante regresó a los escenarios de Madrid este jueves 24 de septiembre en la Sala But, dentro del ciclo MAZO. Veinte años sin actividad. El grupo de Sanlúcar de Barrameda volvió a cantar «Me pongo colorada» y la sala entera lo cantó con ellas.

El reencuentro llevaba cociéndose desde principios de año, cuando las gaditanas anunciaron su vuelta y pidieron a sus fans a través de redes sociales que eligieran las ciudades de la gira. Madrid respondió. Y la respuesta se vio en cada rincón de la sala: ropa dosmilera, abanicos, lunares. Veteranos que las vieron en su momento y una masa enorme de público joven que no pudo vivirlas en 2000 pero no iba a perdérselas ahora.

Antes de que Papá Levante pisara el escenario, la apertura corrió a cargo de restinga, proyecto personal de Herminia Loh Moreno, bajista de los sevillanos Pony Pool Club. Una elección que funcionó de maravilla. Herminia, artista hispano-marroquí, trajo canciones de su primer álbum Free Baby con dos músicos en directo a los teclados y la batería. Sus melodías mezclan pop, folk y R&B con influencias andalusíes y un toque que encajaba perfectamente con la noche. Canta en su lengua materna árabe, reivindica sus raíces sin filtro. Y tuvo el detalle de versionar «Sabor a chocolate» en acústico como homenaje a las cabezas de cartel. Buena carta de presentación para un proyecto que merece seguimiento.

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Entre la actuación de restinga y el salto de Papá Levante al escenario, las pantallas de la Sala But mostraron un mensaje directo: “STOP DESAHUCIOS”. La referencia era al caso de Maricarmen, una vecina de 87 años desahuciada el día anterior en Madrid. Las artistas no esquivaron el tema. Le dedicaron «Me pongo colorada», su mayor éxito, y todo el mundo cantó y bailó esa dedicatoria como cierre de la noche.

Del grupo original de seis miembros, solo cuatro cantaron sobre el escenario. Al fondo, Borja, hermano de una de las integrantes, se encargaba de manejar las bases musicales. El repertorio tiró de grandes éxitos sin disimulo. «Sí que no que no», «Gorda», «Practicar sexo» fueron los que más movieron a un público entregado desde el primer acorde. Pero también hubo espacio para canciones más íntimas como «Canción del agua».

La sorpresa de la noche llegó con un medley que fusionó «Ya Habiby» y «Para que me quisieras» con «Quién maneja mi barca» de Remedios Amaya. Un giro inesperado que conectó el flamenco-pop del grupo con algo más grande. Tras cerrar con «Me pongo colorada», el público pidió más y hubo bis con «Me llamas loca», canción que ya habían tocado al principio del set. Nadie pareció importarle la repetición.

Lo que se respiró en la Sala But fue algo que va más allá de la nostalgia. Había emoción real, tanto en el público como en el cuarteto. Se nota que Papá Levante ya vivió su momento, que el clímax quedó en el año 2000 y que han pasado dos décadas largas. Pero eso no restó ni un gramo de verdad a lo que ocurrió el jueves. Una sala llena de gente que quería estar exactamente ahí, cantando exactamente eso. A veces con eso basta.

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