Ty Segall revienta la Para·lel 62 de Barcelona tras doce años de ausencia

Ty Segall volvió a Barcelona después de doce años sin pisar la ciudad. Lo hizo con la Freedom Band, con su último disco bajo el brazo y con una lección magistral de distorsión en la Sala Para·lel 62.

La apertura fue toda una declaración de intenciones. «Feel» sonó como un «como decíamos ayer» sin disculpas ni explicaciones. Doce años de ausencia liquidados en los primeros compases. Como si el tiempo no existiera cuando hay pedales de por medio.

Los primeros temas sirvieron para calibrar el espacio. Ty Segall y los suyos fueron llenando de saturación cada rincón de la sala, mezclando clásicos de su discografía interminable con cortes del reciente ‘Chrome’ (2026). La cosa cambió de nivel con «Finger». Ty solo, su voz y sus acordes. Nada más. Y no hacía falta nada más. Hasta que se sumaron Mikal Cronin al bajo, Emmett Kelly a la guitarra —cumpleañero, por cierto—, Ben Boye a las teclas y Evan Burrows a la batería. Ahí la sala se vino abajo.

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Hay quien piensa que volumen y distorsión son garantía de éxito. Es justo al revés. Que el ruido no sea solo ruido, sino la estructura que lo sostiene todo, es territorio de muy pocos. Y Segall lo domina como quien respira.

El momento cumbre llegó con «Chrome», el tema que cierra el disco del mismo nombre. Un galope que remite a la crudeza de Motörhead, con Ty repitiendo “When I died…” para cerrar la paradoja con “…I was alive”. Punteos aullantes. Falso parón. Vuelta a galopar. A mitad de concierto el sudor ya era un asistente más.

Hubo también espacio para bajar la intensidad. Sin guitarras acústicas esta vez, pero sí con canciones más tranquilas donde el nivel técnico de la banda quedó todavía más expuesto. Cuando quitas capas de distorsión, no hay dónde esconderse. Y no se escondieron.

«She» fue un directo al mentón justo antes del bis. Un par de minutos de oxígeno y de vuelta al escenario. El regreso trajo un popurrí bajo el paraguas de «Oh Mary», uno de sus primeros temas, con una versión del «L.A. Woman» de The Doors metida por el medio. Poco más que añadir.

El cierre fue con «My Lady’s On Fire». Una balada perfecta para soltar tensión después de hora y pico de garaje, psicodelia y fuzz. La dosis justa para irse a casa un lunes por la noche con la certeza de que Segall, a punto de cumplir los 40, todavía no ha tocado techo. Y eso, a estas alturas de su carrera, da casi más vértigo que su muro de distorsión.

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